Es evidente que algo no estamos haciendo bien. Una pareja ha denunciado que una guardería se ha negado a admitir a su bebé reborn. Bebé reborn no es un bebé, es un muñeco que imita con gran detalle el aspecto de una criatura de verdad. Al parecer a esta pareja de Marbella le pareció una buena idea llevar a su trozo de silicona a una escuela infantil y se frustró cuando la dirección del centro les dijo que no.
La “madre” del muñeco declaró sentirse muy triste porque no podría vivir esa etapa. Al parecer está en un proceso terapéutico para superar una depresión provocada por la imposibilidad de tener hijos, pero ¿no tienen a nadie cerca que les diga que esto no es una buena idea?
Vivimos en una sociedad de cuidados paliativos sin límites para evitar el sufrimiento. Queremos anestesiar el malestar a toda costa y las soluciones rápidas no suelen ser la mejor opción. Cada vez es más evidente que la educación emocional es fundamental desde la infancia. Recuerdo que una vez fui a la Ikastola Lizarra de Estella para hacer un reportaje y me pareció una maravilla ver cómo enseñaban a los más pequeños a escucharse y a ayudarse a sí mismos y a sus compañeros. Un ejemplo bonito para contaros que las ikastolas son cooperativas de familias que, en su momento, lucharon contra viento y marea por crear estos centros de enseñanza con el objetivo de fomentar el uso del euskera y profundizar en los valores en los que creían y que hoy en día siguen remando en la misma dirección. Estos centros y los de modelo D de la red pública son fundamentales en el ecosistema del euskera en Navarra.
Que ahora se plantee la pérdida de aulas en 8 de las 15 ikastolas de nuestra comunidad es un auténtico drama en muchos sentidos.