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Recursos humanos

Maite Pérez Larumbe

Lenguajes

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Como vivimos en planos diferentes, nos comunicamos con códigos, jergas e idiomas distintos y transitamos ámbitos diversos, es lógico que crucemos, mezclemos e hibridemos lenguajes. Así, expresiones como cordón sanitario u operación quirúrgica, por ejemplo, han pasado del campo de la medicina al de la política.

El otro día pensaba en esto mientras veía la vigilia del Papa en Madrid. Y lo pensé porque escuché un par de canciones del grupo juvenil Hakuna y empecé por decirme que lo religioso y lo profano llevan yendo y viniendo entreverados toda la vida. Lo argumento.

En el siglo XI, mientras nacía el concepto de amor cortés, que está en la base del más familiar amor romántico, el uso de un registro religioso sirvió para validar la tensión sexual entre los amantes y, así, se consideraba que la amada era de naturaleza similar a los ángeles, que los pasos para conseguir su amor constituían por sí mismos un camino de perfección moral y que amar hacía al amante mejor persona.

Unos siglos después, los y las poetas místicas hicieron el recorrido inverso. La semántica de la seducción y el encuentro amoroso sirvió para explicar la relación entre el alma y Dios.

Todo esto rumiaba porque las canciones de las que hablo eran como para bailar pegados es bailar. Melódicas, melifluas, sentimentales. Quiero decir que, sustituyendo los vocativos Señor o Dios por un nombre cualquiera, el tema funciona como cualquier otra balada. Anoto que las caras enfocadas por las cámaras expresaban un infinito arrobamiento. ¿Qué pensó el Santo Padre, que vive en Roma?

Indago sobre Hakuna y veo que más que un grupo musical es un movimiento. Entre sus actividades, sus miembros hacen horas santas, escapadas, formaciones y reuniones periódicas para profundizar en la fe que llaman, ay, Jesús, revolcaderos. Qué cosa el lenguaje.