Mi padre hubiese cumplido 89 años este mes de junio. Cuando nació, en 1937, el día en que se mató Mola, solo existían tres partidos del actual abanico parlamentario: PSOE, PNV y PCE. Cuando murió, en 1983, en Navarra destacaba también UPN, que competía contra AP, marca previa del PP. Los partidos cambian, pero los ecos del siglo XX resuenan en el XXI. En el Madrid republicano se cantaba el ‘ya viene el verano, ya viene la fruta’, aunque el insulto iba para Gil Robles, quien publicaría décadas después No fue posible la paz. Ahora vuelve a las librerías un coetáneo suyo, el pamplonés Galo Vierge, que escribió Los culpables. Pamplona 1936, y a quien Pamiela ha reeditado Recuerdo y tragedia entre dos repúblicas.
Más memoria
Daniel Vázquez Sallés ha publicado Los felices ochenta (Folch & Folch), jugosa crónica desmitificadora de esa década y de una generación “desconcertada” por “lo que pudo haber sido y no fue”. Nos pensábamos los adanes de la modernidad y el pasado más bien nos importó un comino. Creímos que el franquismo estaba momificado bajo 1.500 kilos de granito y que el progreso era una fuerza gravitatoria. Y aquí estamos, cincuentones y sesentones, muy justitos de reprís ante las arremetidas del tecnofascismo. Con demasiado por hacer para el motor que nos queda, apuntando de frente o de reojo a la jubilación al albur de la nueva juventud, donde parezca que mande más que nunca el festejo, la imagen y el follisqueo. Que disfruten mientras puedan y que no cundan ni la envidia ni la amnesia, porque nos jode su levedad como si nosotros hubiéramos sido un cruce entre Cicerón y Lech Walesa, o no conociéramos a boomers que hoy son un poema regresivo.
Nexos
“Cuando eres joven, relativizas y absolutizas los acontecimientos con la misma vehemencia”, escribe Vázquez Sallés, hijo de Manuel Vázquez Montalbán y de la historiadora Anna Sallés. Este escritor y columnista acumula una decena de libros y por desgracia está conectado de algún modo a Umbral, porque ambos perdieron a un hijo por enfermedad, y ambos escribieron un libro de duelo: Mortal y rosa en el caso del escritor madrileño y El Príncipe y la muerte en el caso del barcelonés, que cree por otra parte que Barcelona se debate entre el júbilo grandilocuente y el pesimismo funesto. Me pregunto si Navarra tira también al blanco y negro como cantaba Barricada, y cuánto derrotismo y complacencia corren por nuestras venas, de derechas o de izquierdas, o si el interrogante, siempre sano, está aparcado por arriesgado.
Semana papista de contrastes. Ecos franciscanos en Canarias, ecos juanpablistas y taranconianos en Madrid y ecos olímpicos en Barcelona
Impactos
Si Estados Unidos es ahora “el enemigo número uno de Europa”, como ha dicho un profesor de la London School of Economics, ¿qué nos queda en la UE? Arancha González Laya, exministra de Exteriores de Sánchez, y decana de otra School, pero parisina, aborda en Solos en el mundo (Arpa) el actual tablero: “Europa sola es vulnerable. Pero Europa sola puede elegir. Eso nunca había ocurrido”.
La orfandad es lo que tiene, la percepción de una soledad heladora. Pero con Trump hasta en la sopa, ya por cierto octogenario, no cabe el si te he visto no me acuerdo. Un poco como esta semana papista de catolicismo abultado, exhibiciones televisadas y catolicones varios. Estado aconfesional a su manera, heredero de otra época. Hubo ecos franciscanos en Canarias, juanpablistas y taranconianos en Madrid y olímpicos en Barcelona; momento excelso gaudiniano, drones para el amor y no la guerra. Fantasía.