Ya conocemos la titularidad del lanzamiento del chupinazo de 2026. La norma vigente no establece que requiera de vinculación con las fiestas. Parece razonable que al menos de hecho la tenga. Hace 60 años, el 6 de junio de 1966, el pleno del Ayuntamiento de Pamplona acordó la creación del Pañuelo de Honor de San Fermín. Hasta 1971, inclusive, se concedieron 18.

El primero fue “Al mozo pamplonés”, “símbolo de la alegría que la juventud evidencia durante las Fiestas, constituyendo su mejor base”. Se personalizó en Tomás Vitas, presidente de la Peña “La Única”, considerada entonces la decana. Ese año, profusión de pañuelos: el pamplonés García de Sáez, comisario del Pabellón español en la Feria de Nueva York (llevó a los Gigantes); el escritor pamplonés Rafael García Serrano; Basilio Zoroquiain Trinidad, miembro de una familia de portadores de San Fermín; y el Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway, considerado propagandista de los Sanfermines. Su inclusión mereció el voto en contra del concejal Andía: su libro “Fiesta”, ofensivo para Pamplona; su libro “Por quién doblan las campanas”, ofensivo para España; su suicidio no merecía el homenaje de un católico.

Año 1967: doctor Juaristi, jefe de la enfermería de la plaza de Toros; los músicos Bravo y Turrillas; y el marsellés Pierre Cordelier, divulgador de las fiestas en Francia. Año 1968: cuerpo médico del Hospital Militar. Año 1969: Asociación de Donantes de Sangre, el escritor Ignacio Baleztena y Pedro Chaverri, “Chico de Olite”, doblador del encierro.

Año 1970: Irujo y Lostao, miembros de la Comisión Taurina de la MECA muertos en accidente de tráfico, junto a sus esposas, a la vuelta de la Feria de Sevilla. También, al cuerpo médico del Hospital de Navarra. Año 1971: Agustín Latorre, concejal de Fomento (programa de Fiestas), fallecido en activo, e igualmente a título póstumo al escritor José María Iribarren. Reconocimiento de méritos sin necesidad de rivalizar por el chupinazo.