Por estricta prohibición municipal hoy en Pamplona no habrá hogueras de San Juan. Para el resto del territorio foral el Gobierno se limita a desaconsejarlas. Que no está el horno para bollos, nunca mejor dicho, no por bollos sin por horno. Porque a humo ya hemos empezado a oler.

El domingo un incendio en Mañeru quemó casas y monte, además de interrumpir el tráfico de la A-12. Ayer se declaró otro en una zona de huertas de Castejón que obligó a cerrar la N-113 durante varias horas. No ayudemos al sol, que ya se las basta sólo para abrasarnos.

El ventilador, ¿de aspas o de columna? ¿De techo o de pie? He ahí el gran dilema entre la gente que no puede o quiere permitirse un sistema de aire acondicionado estos días en que salir a la calle, sobre todo a determinadas horas, constituye una simple temeridad. Tampoco está al alcance de todo el mundo una piscina comunitaria de esas en las que tienes que luchar a muerte por un metro cuadrado de sombra.

Nunca habrán estado tan llenas como estos días las presas y las pozas de la red fluvial. Un poco de frescor para unos días de infierno. Y por si todo fuera poco, las malditas polillas. En mi calle empezaron a verse el fin de semana, agarradas como lapas a los exteriores de los portales. Ahí seguían ayer tarde. Vinieron de Asia, en algún contenedor, y se han expandido como la pólvora favorecidas, ellas también, por el cambio climático.

Al parecer, los murciélagos y algunos pájaros darán cuenta de ellas, pero no sé si hay tanto murciélago ni tanto pájaro, y las palomas no cuentan para eso. Dicen que aunque se zampen el boj son inofensivas para los humanos, pero a mí me dan muy mal rollo, aún más estos días en que todo, no sólo la política, parece anunciar el Apocalipsis.