Qué son los Sanfermines sino una repetición anual de eventos. Chupinazo, encierros, procesiones, fuegos, comparsas de gigantes y kilikis, músicas mil... Y para que todo siga igual, todo ha de cambiar. Ya dice El Gatopardo que son las reformas superficiales, aquellas que no modifican el fondo de un sistema de poder, las que garantizan la supervivencia de dicho sistema.
Eso, a su manera, aplicado a las fiestas. Por ello, los más de 500 actos que conformarán en breve esta celebración son siempre los mismos y, cada año, algo distintos. Ahora es novedad un chupinazo infantil, el cambio de día de la feria del ganado y la muy necesaria extensión de las actividades festivas a diferentes barrios.
Todo fluye, se transforma y a veces logra dar una vuelta completa. Es entonces cuando ocurren cosas como que la mítica banda de los ochenta, la Orquesta Mondragón, vuelva a visitarnos o que la siempre presente Hacienda foral advierta a aquellos que alquilan balcones en el recorrido del encierro que están obligados a tributar por sus ganancias como todo hijo de vecino. Dejémoslo ya. Escuché por ahí que en el momento en el que anudamos el pañuelo al cuello nos colocamos mucho más que un trozo de tela, nos ajustamos la memoria de todos los Sanfermines vividos. Que así sea y buen verano.