Hace varios años ya que, desde el departamento de Turismo del Gobierno navarro, se lanzó un eslogan sugerente para relanzar las variedades, las originalidades por las que destaca nuestra tierra, sus fiestas, sus gentes, sus costumbres. Y se escogió la fórmula, ni más ni menos, de elevar a categoría de reino lo que es la Comunidad Foral. No a modo literal, pero casi.

Comenzó con el cambio de El Sadar, que con la excusa de una remodelación externa del estadio, se vendió al mejor postor su nombre, y tras varios años con nueva y esplendorosa nomenclatura, el campo rojillo presenta un renovadísimo aspecto, y además el club con cuatro millones y medio de eurazos en sus arcas. Gran acierto con el cambio.

A raíz de aquello, el reino por arriba, por abajo, de costado, por cualquier lado. Las tres palabras mágicas se han ido adueñando de equipos de balonmano, de fútbol sala, y pronto absorberán a las dos grandes instituciones públicas de salud de la capital. Inmejorable idea.

Dentro de varias décadas, en los libros de historia autóctona, tranquilamente podría aparecer: "?corría el año 13 del reinado de Sanz I (2009 de la antigua Comunidad Foral), cuando el Reino de Navarra estaba inmerso en una profunda crisis tanto económica como política, con continuos encontronazos entre los principales partidos políticos?".

SM don Miguel Sanz Sesma I, debido al extraordinario reinado que está llevando a cabo, sólo me queda pedirle un par de proyectos que podrían culminar su buen hacer: proponga a esa fábrica alemana junto al condado de San Jorge que confeccione un nuevo modelo de automóvil llamado Reino, con forma de boina a rosca, y haga su lanzamiento mundial el día 6 de julio en el comienzo de los Reinines de Navarra 2010.

Me enorgullece ser navarro por todos mis poros. De hecho, si tengo un hijo durante su reinado?, ya tengo pensado el nombre.