Otra música es posible
Parafraseando el bolero diré: "Mi vida cambió desde que la conocí". Fue hace unos años cuando entré a formar parte de la Rondalla Armonía y mi apuesta por la otra música, la de siempre, la nuestra, vi que era posible. El reto, el gran desafío lo acabamos de vivir en un ciclo de conciertos por los cinco civivox municipales. O nuestra rondalla tiene duende o esa otra música tiene espacio.
La realidad es que cada concierto se ha visto superado de público sin poder acceder en los dos últimos de Condestable e Iturrama. Música de plectro (pulso y púa), de bandurrias, laúdes y guitarras. Música popular, que ha puesto a la Rondalla de El Vergel en lo más alto. Conciertos que han dejado huella, como el del Casino Principal donde competía con grupos corales. La música de cuerda, una de las señas de identidad de Navarra, es arte, es trabajo creativo y constante, innovador y fiel a la tradición. Nuestro repertorio es un paseo por la infancia, una provocación de emociones vividas antaño, interpretado con rigor y profesionalidad, el sello de esta veterano grupo musical.
Decía un director de teatro que "estamos en un proceso de regeneración estética de la música en escena". Yo añadiría: "si la música es buena, gusta". Como la nuestra, la otra música, que es un regreso al pasado, un viaje a la nostalgia. Sobre todo, cuando se hace con humildad y compromiso. Por eso me atrevo a afirmar que otra música se está gestando en la Comunidad Foral. Si no, que se lo pregunten a los jóvenes de Castejón, Lodosa, Caparroso y Los Arcos, que están preparando su rondalla para presentarse por primera vez el 26 de junio en el Teatro Gayarre. Porque otra música es posible.