Y ahora, ¿a quién votamos?

10.02.2020 | 04:06

Decía el otro día no sé quién, que si nuestros políticos fuesen médicos, el paciente se les habría muerto por su inoperancia, y está claro que por esa inoperancia deberían devolver el dinero que han cobrado todos estos meses. Hay muchos famosetes engreídos del rock, el cine o el deporte que son mucho más discretos a la hora de frivolizar con su egocentrismo que el que han demostrado los dirigentes de este país en las vergonzosas negociaciones de investidura. Entiendo que es imprescindible hacer una reforma constitucional y cambiar las leyes que regularizan nuestro sistema electoral para que no se puedan producir estos galimatías y estemos en manos de los caprichos vanidosos de estos impresentables. Además, está todo inventado. En el País Vasco, y creo que también en Asturias, forma gobierno casi inmediatamente la lista más votada, porque el sistema, a la hora de las investiduras, no permite que se vote no al candidato mayoritario y solo se puede votar sí o abstenerse. No existe el voto negativo para formar gobierno. Suele hacerlo la lista más votada y los demás a la oposición. Y sí, porque lo democrático, como hacen los países evolucionados de verdad, es gobernar por consenso. Nuestros políticos no saben hacerlo si no es por mayoría absoluta, para que sus partidos se instalen en el ordeno y mando, cosa que se parece mucho al totalitarismo, quizá algo heredado en este país. Cacarean unos y otros que en democracia la ciudadanía tiene el poder porque se lo otorga el voto, y yo me pregunto qué pasa ahora que estos descerebrados han demostrado que son incompetentes. ¿A quién votamos? Porque está claro que si lo hacemos a los mismos y salen unos resultados parecidos sería entrar otra vez en el mismo círculo vicioso. ¿Y de dónde nos sacamos ahora otros candidatos? Esto no funciona, la democracia es el sistema ideal, lo malo que tiene es que para que funcione tiene que ser también con gente ideal: que no mienta, no robe, que sea responsable, que no piense solo en sus intereses y piense también en los demás. Pero los ciudadanos no somos así y nuestros políticos ninguno. Habría que poner en marcha una constitución con antivirus que expulsara automáticamente del gobierno a cualquier político que cometiera la más mínima incorrección.