Intuición

17.02.2020 | 00:46

Unos científicos realizaron un experimento muy práctico a un hombre que había perdido la visión después de un ictus. Colocaron unos obstáculos en su camino e invitaron al invidente a que intentara sortearlos sin más ayuda que su intuición. El resultado sorprendió al paciente pero no a los médicos aunque los driblara con pericia sobrenatural. Los médicos, proclives a pensar que su mal no se encontraba en sus ojos sino en el camino que tienen que recorrer las señales que estos mandan, corroboraron su sospecha colocando en el paciente unas gafas oscuras. De nuevo el sorprendido fue el paciente porque esta vez atropelló todos los obstáculos. La explicación científica dice que la información recibida a través de los ojos es procesada por nuestro cerebro consciente, pero a la vez también lo hace nuestro cerebro inconsciente. No las podía recoger la zona dañada del neocórtex pero sí que lo hacía el tálamo, zona asociada a la memoria, utilizando otro camino. Sea como fuese, el paciente sorteaba los obstáculos no por suerte ni por magia, sino por ayudas adicionales que nadie, excepto los médicos, podía prever. A esas resoluciones que tomamos sin saber cómo pero que están amparadas por apreciaciones inconscientes, se suele llamar intuiciones. Recibimos señales que duran menos de 15 milisegundos, no dan tiempo a ser procesadas, pero dejan su impronta subliminal en quien las recibe. Las decisiones inexplicables, por lo tanto, no son ciegas. El ser humano emite y recibe señales que no puede percibir, olores que no cree sentir y tonos de voz que no sabe definir, pero que predisponen su comportamiento posterior y su elección. Sin embargo, la intuición por excelencia es la que señala Schopenhauer. La otra, la describe la ciencia; ésta no tiene descripción; es huérfana y original. Nos dice este filósofo alemán que la intuición es antes que la razón. La razón es una serie de reglas, un lenguaje normalizado para definir, describir y trasmitir lo que propone la intuición. La intuición sería el axioma sobre el que se edifica después la razón, el punto de apoyo que buscaba Arquímedes para mover el mundo, pero que en este caso sirve para explicarlo y entenderlo. Antes de un razonamiento siempre existe la idea que lo empuja. Entre los extremos de ambas intuiciones está la que reciben los artistas. Borges convence cuando afirma que todo nos es dado. "Todo es de El Espíritu, nuestros son los errores" escribió. Picasso dijo al menos una vez: "Yo no busco, yo encuentro". Es ocioso decir que si encuentra sin buscar, le es dado. Podemos entonces pensar que incluso a los genios les es dado. Damos media vuelta más al tornillo y comprobamos que especialmente se les da a los genios. Finalmente, ahí se esconde la paradoja, quizá estemos obligados a creer lo contrario: No se les da porque sean genios sino que son genios porque se les da. Por insistente pereza, siempre vemos el mundo del revés.