La localidad valenciana de Paiporta ha agradecido este viernes, en un acto institucional celebrado en Pamplona, la "fraternidad" del pueblo navarro durante la dana de octubre de 2024, materializada en el trabajo de la Policía Foral, Bomberos, Protección Civil, Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea y Guarderío de Medio Ambiente.
El alcalde de Paiporta, Vicent Císcar, en un acto en el que ha estado acompañado por la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, ha entregado sendas placas de reconocimiento a representantes de estos organismos, a los que ha transmitido "una palabra sencilla pero profundamente sincera: gracias".
El primer edil de Paiporta ha relatado que la localidad quedó dividida en dos por la dana al resultar dañados los puentes que cruzan el barranco de la localidad, lo que generó "un problema crítico" y fueron 103 agentes de la Policía Foral los que realizaron "una tarea tan esencial como compleja", que fue regular, vigilar y garantizar el tráfico de vehículos y de personas "en una situación extremadamente delicada".
"Lo hicieron con profesionalidad, con severidad, con enorme responsabilidad, pero también con algo muy importante para nosotros, con solidaridad y, como dice un amigo que hemos encontrado en estas circunstancias, mirando a la gente a los ojos", ha subrayado.
Aquellos días, "Navarra demostró que esta fraternidad no entiende de kilómetros ni de fronteras administrativas", ha declarado Císcar, quien ha afirmado que, "cuando Paiporta más lo necesitó, Navarra estuvo a su lado".
"Hicimos lo que pudimos con humanidad"
El policía foral Carlos Yárnoz fue uno de los 103 agentes del Cuerpo autonómico que se desplegó en la zona afectada por la dana, principalmente en Paiporta.
El dispositivo tuvo que improvisar desde el primer momento. Con los servicios de emergencia colapsados, los patrullas se reconvirtieron en vehículos de traslado para llevar pacientes al hospital. Los agentes subieron alimentos a mano hasta los pisos más altos de los edificios sin ascensor, y ayudaron a personas con discapacidad que no podían abandonar sus domicilios por sus propios medios. "Hicimos de todo aquello que se podía hacer, no solamente profesional, sino con humanidad", describe Yárnoz.
El agente recuerda el impacto del primer acercamiento a Paiporta. El interior del vehículo iba con conversación y movimiento hasta que la escena empezó a imponerse: "La gente se fue callando, los ojos salían a las órbitas. Era como un escenario de guerra, brutal". Una familiar que residía en la zona ya le había advertido: "Lo que habéis visto en televisión no tiene nada que ver con la realidad".
Yárnoz destaca especialmente un fenómeno que marcó a todos los efectivos: las propias víctimas cuidaban a los rescatadores. Vecinos que lo habían perdido todo —casas, comercios, familiares— salían a ofrecer un café o un caldo a los agentes. "La víctima se convertía en protector", señala. Los valencianos nos decían "os estamos cuidando para que nos cuidéis". Una relación que, a su juicio, define lo vivido.
En el plano operativo, cada jornada comenzaba de cero. La improvisación era constante: cortar accesos, regular una convivencia caótica en las calles entre camiones de 60 toneladas y personas mayores que acudían a los puntos de distribución de alimentos. "Había que garantizar la seguridad de esa gente, ponerse un poco duro con quienes tenían mucha prisa", reconoce. Yárnoz concluye con orgullo: "Los navarros somos trabajadores, somos cabezones y tenemos un gran corazón". Una valoración que, según cuenta, les trasladaron los propios vecinos valencianos.
"La gratitud es la recompensa"
Alberto Garde, bombero del Servicio de Bomberos de Navarra, recuerda con crudeza la intervención de los efectivos navarros tras la dana de octubre de 2024. Un total de 160 bomberos navarros se desplazaron hasta Catarroja, localidad colindante con Paiporta y situada en plena zona cero de la catástrofe, para participar en las labores de emergencia y rescate.
Los primeros trabajos se centraron en la localización de víctimas. El gran número de vehículos sumergidos complicó las labores, aunque finalmente no se encontró a nadie en su interior. Tras esa fase, los equipos se volcaron en el achique de agua en garajes, portales y huecos de ascensor. "Fuimos autosuficientes, llevamos material nuestro, todo tipo de maquinaria", explica Garde.
La intervención se extendió también a la limpieza de la red de saneamiento, completamente anegada de barro, en colaboración con la empresa navarra Desciegues Navarra. Además, los bomberos sacaron vehículos atrapados en garajes para permitir el acceso de maquinaria pesada a las zonas más afectadas.
Garde describe un escenario desolador al llegar a Catarroja: todos los bajos de los edificios arrasados, sin agua, sin electricidad y sin suministro de alimentos. Cuando caía la noche, los distintos cuerpos de emergencia celebraban reuniones de mandos y se desplazaban en todoterreno a oscuras, esquivando socavones y alcantarillas abiertas. "Se veía una luz y era una cola de gente cogiendo comida", relata el bombero navarro.
Entre los momentos que Garde guarda en la memoria destaca el del último día de intervención, cuando un vecino mayor les pidió ayuda para sacar los coches de su garaje y poder así dar acceso a las máquinas de limpieza. "El señor se quedó muy agradecido, nos invitó a fiestas, nos envió una carta y mantengo contacto con él", cuenta.
Para este bombero navarro, esa gratitud vecinal es la mayor recompensa. "Ves la cara de felicidad de la gente cuando les ayudas y eso es lo que te gratifica", concluye Garde, cuya experiencia resume en una frase el alcance humano de una catástrofe sin precedentes en la memoria reciente de España.
"Somos frágiles"
El médico de emergencias Mariano Fortún Moral, perteneciente a la Subdirección de Urgencias de Navarra y destinado en la Ambulancia de Trinitarios del Servicio de Bomberos de Navarra, realizó labores de asistencia sanitaria a los servicios desplegados en Paiporta tras la catástrofe de la dana.
El dispositivo sanitario navarro se organizó en cuatro contingentes o reemplazos, cada uno formado por un binomio de médico y enfermero/a. Fortún acudió junto a Pilar Maraví, enfermera del mismo servicio en Pamplona. La misión inicial era dar cobertura sanitaria a los bomberos de Navarra durante sus trabajos de limpieza y desatasco, aunque la realidad sobre el terreno amplió el alcance de su intervención.
"Vimos que era necesario atender no solamente a los compañeros bomberos, sino a otros colectivos como forestales, autónomos de Navarra que trabajaban con maquinaria pesada y a la población civil", explica Fortún, que subraya también la importante labor de escucha activa a los vecinos afectados.
El médico describe la crudeza del escenario: llegó con su cámara personal, pero el primer día no fue capaz de hacer ni una foto. Un médico militar con quien habló lo resumió así: "Esto es lo más próximo a un escenario de guerra".
Fortún reflexiona sobre el impacto emocional de lo vivido: contemplar cómo una catástrofe natural puede arrasar con todo lo que conforma una vida en apenas una hora le llevó a concluir que "somos sencillos, somos frágiles". Al mismo tiempo, destaca la fortaleza humana y la solidaridad demostrada por las personas, incluso en las circunstancias más devastadoras.
"La naturaleza manda"
Íñigo López, guarda de Medio Ambiente en la demarcación de Roncal-Salazar, fue uno de los primeros guardas forestales navarros en desplazarse a la zona de la dana tras la catástrofe. Junto a otros compañeros —hasta seis guardas en total—, se incorporó a los trabajos de emergencia en una zona donde ya operaban los Bomberos.
Su labor sobre el terreno fue fundamentalmente de achique: extracción de agua y lodo de garajes, sótanos y espacios subterráneos, además de apoyo directo a los vecinos afectados. "Echamos una mano a la gente", resume López.
Un año y medio después, el guarda navarro extrae dos grandes lecciones de aquella experiencia. La primera, de carácter territorial: "Al final, la naturaleza manda y los territorios que son inundables lo van a seguir siendo". En un contexto de cambio climático, subraya la necesidad de una planificación urbanística rigurosa que tenga en cuenta estos riesgos. La segunda lección es de orden humano: lo que más le marcó fue la acogida de la población valenciana.
Desde entonces, López mantiene contacto esporádico con algunas de las personas que conoció allí a través de WhatsApp. Sobre la posibilidad de volver, reconoce que le genera cierto vértigo. "La imagen que tuvimos era un territorio como si fuese una guerra", señala, y contemplar ahora una normalidad recuperada, aunque todavía relativa, le resulta difícil de imaginar.
"Kilómetros de devastación"
Abel Bengoetxea, técnico del Servicio de Protección Civil de Navarra, también estuvo desplegado en Paiporta tras la dana de octubre de 2024. Su movilización se produjo a través de una convocatoria de la Dirección General de Protección Civil del Estado dirigida a técnicos de las comunidades autónomas, en el marco del dispositivo nacional de respuesta a la catástrofe.
Bengoetxea fue destinado al Puesto de Mando Avanzado principal de Paiporta, el centro neurálgico desde el que se coordinaban los mandos secundarios desplegados en otras zonas afectadas. Desde allí, asistió a los puestos de mando secundarios para cubrir sus necesidades operativas y también estuvo en el puesto de mando de búsqueda de personas desaparecidas de la Unidad Militar de Emergencias (UME).
Paralelamente, el Servicio de Protección Civil de Navarra desarrolló desde Pamplona una intensa labor logística y de coordinación con voluntarios y empresas navarras que se sumaron al esfuerzo de ayuda a los municipios valencianos afectados.
El técnico navarro subraya la brecha entre la imagen que ofrecían los medios de comunicación y la realidad encontrada sobre el terreno. "Avanzabas kilómetros y kilómetros y había devastación", describe Bengoetxea, para quien la magnitud de la catástrofe superó con creces cualquier referencia previa.
Más allá del impacto humano, Bengoetxea destaca el valor formativo de la experiencia para el propio servicio navarro. A raíz de su intervención en la zona cero de la dana, Protección Civil de Navarra elaboró un protocolo de actuación para definir cómo organizarse ante una catástrofe de similares características en territorio navarro.
El técnico concluye con una reflexión sobre la importancia de la prevención como principal herramienta frente a este tipo de desastres, señalando especialmente la necesidad de evitar la edificación en zonas inundables como medida clave para reducir el impacto de futuras catástrofes. "Cuando ocurren este tipo de cosas, la mejor herramienta es la prevención", sentencia Bengoetxea.