El efecto Maradona

01.12.2020 | 00:02
Una opinión de Asun Lasaosa Zazu

Hace unos días las mujeres de este país asistimos atónitas al endiosamiento de una persona cuya mayor aportación a la evolución del ser humano ha sido trabajar de futbolista. Vimos cómo en menos de un minuto los secretarios generales y coordinadores (y más) de todos los partidos de izquierdas no dudaron en saltar a Twitter para ensalzar su figura hasta límites insospechados. Alguno de ellos, incluso, le dedicó una especie de padrenuestro personalizado y compuesto para la ocasión en donde le llama directamente Dios. Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Echenique, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, la cuenta oficial de Izquierda Unida y, también, Arnaldo Otegi, Oskar Matute, Fermín Muguruza.Recordaban de él su defensa de causas muy de izquierdas y citaban Cuba, Fidel, los humildes, el barrio, la pobreza. Y entonces nos dimos cuenta de que nosotras, las mujeres, no formamos parte de su imaginario colectivo. Y salimos a decir que la mano con la que metía goles era la misma con la que le pegaba a su pareja y que, dicho en corto, no solo era un maltratador violento, sino que también abusaba de crías menores y que era un putero. Se pudo ver en redes un viejo vídeo en el que golpea a su novia, Rocío Oliva, y circularon también titulares antiguos tipo Claudia Villafañe denunció a Diego Maradona por violencia de género, Maradona lleva 20 prostitutas a Luis Hernández, Maradona es K: abuso de menores, El idilio de Maradona con (€) las prostitutas de la Camorra, Denuncian a Maradona por haber tenido relaciones con menores, por citar algunos, acompañados a veces con fotografía más que explícitas. Pero se ve que para nuestros políticos de izquierdas ninguna de las mujeres vejadas, abusadas y prostituidas por Maradona eran humildes, ni habían nacido en barrios, ni habían crecido en la pobreza. Es verdad que no todos nuestros dirigentes fueron tan entusiastas como Pablo Iglesias, que se tiró a la piscina sin agua y de cabeza. Otros, en medio de la apología suprema, intentaron matizar en plan: era imperfecto como todos, tenía luces y sombras, tenía sus defectos, pero... Mira no: hablar demasiado puede ser un defecto, ser despistado puede hacerte imperfecto. Tener relaciones con chavalitas es otra cosa. Abusar de la necesidad ajena para tener sexo es otra cosa. Pegar a una mujer es otra cosa. Y no poner a esto las palabras adecuadas, no nombrar la realidad y hacerla explícita, es invisibilizar la violencia machista, banalizarla, trivializarla y blanquearla. Es posicionarte del lado del violento. Las mujeres de izquierdas hemos palpado estos días con las manos que tenemos al enemigo en casa. La constatación ha sido dolorosa. Porque cuando señalamos nos damos cuenta de que la agresión de una mujer importa solo hasta que hay un hombre que se siente interpelado y se ofende. Entonces vuelve a ser suyo el centro, muy dolido.Paradójicamente, Maradona murió un 25-N, justo cuando celebrábamos el Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer. Bastó la muerte de un solo hombre para que el mundo se olvidara, una vez más, de que una de cada tres hemos sufrido violencia sexual o física. Una de cada tres. Deberían pedir perdón y disolverse.

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