Carta al microchip

12.04.2021 | 00:22

Prefiero imaginarlo no como una pieza impersonal de pizarra sino con brazos y piernas, aunque sean de alambre, y una cara cuadrada con ojos, boca, orejas y nariz en una caja de cartón. Un dibujo animado para niños grandes. Un castillo de chocolate que contiene barcos, bicicletas, nieve y estrellas. Que es lo que realmente contiene. De todo. Allí está la biblioteca de Alejandría, el museo del Louvre, María Callas vestida de rojo, Vincent Van Gogh pelirrojo; y todos lo que puedas imaginar y querer; y más, que te sorprenderá. Es la maravilla de la mente humana. Una copia del cerebro, las neuronas en piedra pura, química y calambre. Nuestras neuronas desparramadas en grafeno como una bandada de pájaros. Pura tecnología, saber del tiempo a voleo. Siembra del trigo candeal, del lino, de amapolas y de la danza. Microchip humilde y necesario como el pan de cada día, ya como el respirar; luz esencial para conocer lo más íntimo de las cosas, microscopio de fuerza infinita, telescopio de lo que todavía no existe. Película del pasado en hueso, gruta y pan. Misterio de los de verdad.

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