Matices

03.05.2021 | 01:15

Hace ya semanas, meses incluso, en los que la política estatal se encuentra ofuscada en una riña constante donde la violencia dialéctica y los hechos no banalizables han sido normalizados por una ciudadanía hastiada y embotada ante la dificultad de escapar de la pandemia incesante. La extrema derecha lleva años escuchándose como un zumbido lejano y ajeno a toda cotidianeidad hasta que se ha plantado con los dos pies en el felpudo de la Delegación presidencial de Madrid, dispuesta a menospreciar, criticar, boicotear y aborrecer cualquier opción política que no comparta. "No hay mejor desprecio que no hacer aprecio" se plantea desde ámbitos diversos para ningunear a unas siglas que se perfilan como tercera fuerza en la capital española según las encuestas. Pues sigamos ignorando-evitando las faltonadas y sus desprecios manifiestos hasta que sea imposible rebajar el hervor del agua de la cazuela. Me ocurrió hace una semana. A punto de ensayar una canción en la escuela con niños/as de 10 años cuando estaban en silencio para iniciar, uno de ellos soltó alto y claro: "¡Arriba España!". Y seguidamente lo saqué fuera y se quedó sin ensayo. Al acabar, otro niño preguntó el motivo de haberse quedado fuera. Le pedí al afectado que entrase y lo explicara. Dijo que no se acordaba y que no había dicho nada. Al recordárselo me ninguneó, intentando hacerme callar por dos veces. 10 años, insisto. No lo consiguió, evidentemente. Otras dos personas de la clase pidieron la palabra para explicar qué significaba la expresión. Uno comentó que era una expresión de la Segunda Guerra Mundial. Otro le corrigió diciendo que era de la guerra de España y que era un grito de apoyo a un dictador que se llamaba Franco, y que mataron a mucha gente escuchando esas dos últimas palabras. Les pregunté: "si no sabéis qué significa, ¿por qué lo decís? ¿Dónde lo escucháis?", a lo que otra persona respondió: "yo siempre lo he escuchado en casa". Cerré la situación proponiéndole al primero que preguntara a sus padres, y sobre todo a sus abuelos/as qué opinaban. Al día siguiente su madre escribió en un mail que su hijo le había dicho que le había echado de clase por decir "viva España" y que eso, se había naturalizado siempre en casa y no era una cabezonería del niño. Ahí estaba el matiz. Ese "viva" no era para nada equiparable al "arriba". Al escuchar mi versión, su madre comentó que eso no era lo que le había contado su hijo, y que hablaría con él. La etimología y el origen de las palabras y expresiones nos aportan mucho para conocer nuestro presente.

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