la carta del día

Toros navarros del s.XXI

04.08.2021 | 01:00
Gustavo Alegría Santamaría

el pasado 17 de julio, un nutrido grupo de aficionados amantes de lo más puramente taurino, tuvimos el privilegio y la suerte de embarcarnos en un viaje al pasado. Concretamente a Céret. Y más, para presenciar en el coso de esta localidad gala, algo único, histórico, épico. La vuelta a los ruedos de unos toros que desaparecieron de estos a principios del siglo XX. Toros de Casta Navarra, una de las castas fundacionales del toro de lidia.

Los que poblamos las gradas, muchos venidos desde Navarra, sabíamos que íbamos a ver algo que se escapa de los cánones de la actual tauromaquia. Aunque no sabíamos el juego y el comportamiento de los toros seleccionados por Miguel Reta, teníamos en mente que íbamos a asistir a una lidia no convencional, a una lidia que bien podíamos conceptualizar de antigua. Y que sea de esta manera, no significa que no sea una lidia tan respetable como la que hoy podemos contemplar. De veras que lo fue. Con emoción, esperábamos la salida de toriles del primer burel que ya ha pasado a formar parte de la historia taurina. Como sus cinco hermanos. De nombre "Catalino" y chorreado colorado y con un peso de 490 kilos. Le tocó en suerte al maestro de Guadalajara Sánchez Vara. A partir de este momento, se han escrito ya un buen número de crónicas contando las vicisitudes de esta tarde histórica. Y eso, como simple aficionado, lo dejo para los profesionales de la pluma periodística. De los aficionados que asistimos expectantes al festejo, seguramente que una cascada de sentimientos recorría sus cuerpos. Para el que suscribe estas líneas, la emoción en la salida del primer toro, le embargó. Después, la tarde se fue sucediendo con otras emociones hasta poder llegar a sufrir en algún momento.

La emoción por ver cumplido un trabajo que empezó hace 25 años y emprendido por un ingeniero y aficionado, de nombre Miguel. Un sueño bien perseguido que fue el recuperar un tesoro genético y algo tan nuestro, tan navarro, como son los toros de Casta Navarra. Y bien que se ha recuperado. Con ilusión, humildad, fe y con lo puesto, se ha llegado hasta hoy. De una dura selección, diferente al animal que va para la calle, evidentemente, y con alquimia ganadera, hemos podido contemplar seis animales de estampa, de otra época. En algún momento, parecía algún ejemplar sacado de los antiguos grabados de Goya.

Unos animales que iban a requerir una lidia con piernas y brazos. A la antigua. En movimiento todo el rato. Sin pausa. Y sin composición en la mayoría de las veces. Y toreros dispuestos a hacer esta lidia, dignificando esta tan bella profesión. Mis parabienes a estos tres maestros, que con sus diferentes lidias nos transportaron en el tiempo. Qué decir de las tandas de derechazos de Sánchez Vara al cuarto de la tarde. Bien valieron el viaje hasta Céret. Hasta banderillas negras pudimos ver y una suerte de varas con unos ejemplares de Bonijol diferente, corriendo tras los toros porque estos rehuían de la pelea y del castigo. Eso sí, toros que vendieron su muerte muy cara y que en ningún momento blandearon. Sin resuello alguno hasta que la espada hizo su efecto.

Para todo el estamento taurino, esto es la verdad. Verdad taurina. En estos tiempos tan convulsos y azotados por la pandemia, con mucha mentira metiéndose por cada rincón, lo que ha hecho Miguel, solamente se le puede llamar verdad. Dignidad a raudales la que nos está ofreciendo. Y hoy esto, estos valores que brillan por su ausencia en muchos momentos, hay que ponerlos en valor.

A estas alturas, bien se ha podido leer crónicas de todo pelaje. Críticas y menos críticas, incluso hablando de fracaso. ¿Fracaso es emprender este maravilloso proyecto de recuperación de esta casta y llegar a lidiar unos toros que desaparecieron hace más de un siglo de los ruedos? ¿Fracaso es soñar y dejarse la piel y los cuartos en preservar una joya genética? Lo que esto es un éxito. Seguramente Miguel apuntó en su cuaderno de notas muchísimas cosas. Buenas y malas. Porque a partir de ahora, hay que seguir seleccionando y depurando. Pero una cosa está clara. La palabra ilusión se atisba entre esas notas. Unas notas que marcan el camino y que solo tiene una dirección. La que nos lleva a un futuro en el que tiene que predominar la bravura y la emoción. Seguro que los aficionados lo veremos en las plazas. Hoy, este proyecto de preservación está más vivo que nunca.

Por favor aficionados y todos los que amen y gusten del arte de la tauromaquia. Acérquense a Grocin (Tierra Estella) y vean lo que este ganadero está haciendo desde la finca "La Tejería". Aquí hay verdad. Gracias Miguel y familia, por dejarnos ser partícipes de lo que vimos en el ruedo. De emocionarnos y de sentir otra forma de toreo.

Ya no queda más que felicitar a todos los que están haciendo posible esta vuelta a los ruedos de esta casta fundacional. Y de manera especial, al alma máter de esa finca, a don Miguel, padre. Que parte de este triunfo es de él. De verdad, gracias y enhorabuena.

El autor es presidente de la Federación Taurina de Navarra

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