Represión sucia y mentes muy sucias
Tales son los dos grandes rasgos que nos ha traído la noticia de la enésima filtración policial en el ámbito de los movimientos sociales.
¿Qué busca el Estado con eso? La CGT ha sido muy clara al respecto cuando ha destacado una obviedad: esos colectivos son abiertos, por lo que es absurdo e inútil infiltrar policías para hacer espionaje y sacar información. Se busca su desprestigio, eso está claro. Otras tantas veces esos mismos policías han sido los agentes provocadores que han actuado de manera violenta para desacreditar a quienes profesan la noviolencia. Pero me temo que, al igual que ocurrió con el movimiento de insumisión a principios de los 90, cuando se dio a conocer un informe del espionaje militar sobre sus dinámicas internas, todo indica que, más allá de poder abortar el factor sorpresa de alguna acción de protesta pacífica pero muy mediática, lo que el Estado realiza al entrar en ese tipo de movimientos sociales es una utilización bastarda de la labor policial, pues está dirigida sobre todo al espionaje de activistas y partidos políticos considerados más peligrosos e indudablemente más opacos, por ejemplo, los independentistas.
Es represión sucia. Lo es por ilegítima (de hecho, cuando el gobierno se ve obligado a explicarla echa mano de un inconfesable repertorio tan amplio de excepciones que estarían denotando la existencia de un poder policial discrecional). Y es sucia porque queda, a la luz de cualquier mente democrática, rápidamente ubicada dentro de las coordenadas de la violencia institucional, como forzada e innecesaria, saltándose la ley en aras de la consecución del orden o tal vez de la seguridad (nacional).
Por otro lado, y de otra guisa quizás aún más alarmante desde el punto de vista ético y cultural, ha podido verse que este triste episodio ha provocado la reacción de un exacerbado machismo españolista, tanto el más ultra (bruto y gamberro) como el de otros talantes más tranquilos pero asimismo reaccionarios frente a los avances del feminismo, quienes han representado lo ocurrido como la gesta vengativa (y machirula) de un policía español listo y follador capaz de seducir y engañar merecidamente a aquellas mujeres que militan en el movimiento independentista catalán. Por ser independentistas y, claro está, por ser mujeres. Es decir, típicas reacciones de jactancia e ignorancia que construyen día a día el machismo supremacista y la cultura de la violación. Típicas, sí, pero a mogollón.
¿Tardará mucho la sociedad en cambiar para que desaparezcan esas actitudes? No sé... Pero las mentes muy sucias siguen ahí a pesar de los tiempos.
El autor es profesor titular de Historia Contemporánea en la UCLM