Después de las recientes elecciones, estamos en el tramo final de la constitución de los 12 parlamentos autonómicos y de los 8.100 a ayuntamiento de las comunidades y municipios. También en lo que se refiere a nuestra Comunidad Foral de Navarra. 

Jacques Benigne Bossuet (1627-1704) dijo: “La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir”. Seguramente más allá de lo ingenioso de la frase, ésta apunta a algo de verdad. Y, por más que estamos habituados a referéndums -sin ir más lejos el 23 de julio está previsto el siguiente-, me sigue resultando complejo y difícil de acostumbrarme a la incontinencia verbal tanto de promesas electorales a bajo precio ¿o gratuitas?, como de alusiones tácitas o descalificaciones expresas de resto o de todas las demás fuerzas políticas. Que “la política sea el paraíso de los charlatanes” (George Bernard Shaw 1856-1956). 

Tras las 00.00 del 28 de mayo, asisto a lo que yo me atrevo a calificar espectáculo y esperpento, es decir, a más variaciones de más de lo mismo: Las llamadas a los demás a no se sabe qué coherencia, integridad, principios, responsabilidad… mientras se producen no se sabe qué encuentros y diálogos, escenificados o no por los medios públicos, pero bastante lejanos del “negro sobre blanco”, donde se concitan estrategias y tácticas, ¿intercambio de cromos?, para aquellos que quieren tener el bastón de mando, ocupar el sillón principal, sentarse en el escaño…, y aquellos que no quieren desprenderse de todo ello. 

No soy analista político pero intuyo, es también una sensación, que detrás de no poco absentismo pueda haber no poco de hastío. La, así llamada, fiesta de la democracia puede acabar provocando desde el cansancio hasta el tedio. Y sigo teniendo esa sensación: “La política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas” (Enrique Tierno Galván 1918-1986).