No suena a simple recuerdo: La memoria viva de un tiempo en el que cada gesto tenía riesgo y cada pequeño avance se conquistaba con organización y valentía. Forma parte de una historia que muchas veces queda en los márgenes, pero que explica mejor que cualquier manual cómo se construyó la conciencia obrera en Navarra y en todo el Estado.

La lucha no empezó cuando cayó el franquismo, sino mucho antes, dentro del propio sindicato vertical, aprovechando sus grietas para convertirlo en un espacio de resistencia. Aquello de “destruirlo desde dentro” no era una metáfora, era una estrategia real, paciente, clandestina, que permitió que CCOO naciera como un sindicato de clase y no como una estructura tolerada.

Las ampliadas en el monte son casi una imagen fundacional: trabajadores reuniéndose lejos de miradas indiscretas, compartiendo información que no circulaba por ningún canal oficial, tejiendo redes entre pueblos y fábricas, preparando huelgas que no solo eran laborales, sino profundamente políticas. La huelga de Salvat no surgió de la nada; fue el resultado de ese trabajo silencioso, de esa pedagogía obrera que se hacía de persona a persona.

En la década de 1970 Navarra vivía un ambiente político y social marcado por la tensión entre un régimen franquista que mantenía un control férreo y una sociedad que comenzaba a despertar y movilizarse en busca de derechos y libertades. La provincia, con una fuerte tradición conservadora y religiosa, estaba también atravesada por movimientos obreros y sociales que crecían en clandestinidad y resistencia.

El franquismo imponía un modelo de sindicato vertical que pretendía controlar a los trabajadores y evitar la organización independiente. Sin embargo, esta estructura fue el terreno donde se gestaron las primeras luchas obreras auténticas, como las Comisiones Obreras (CCOO), que nacieron para defender los intereses de la clase trabajadora frente a la represión.

Navarra, con su particularidad foral y su historia política, fue escenario de una conflictividad social creciente entre 1970 y 1975, con huelgas, protestas y movilizaciones que reflejaban el descontento y la búsqueda de un cambio democrático. Los barrios obreros y las fábricas se convirtieron en focos de organización y resistencia, donde la información circulaba a través de reuniones clandestinas.

Además, en esos años surgieron nuevos movimientos sociales en Navarra, como los feministas, ecologistas y antimilitaristas, que ampliaron el espectro de la protesta y la reivindicación más allá del ámbito estrictamente laboral.

Este contexto de represión y lucha, de miedo y esperanza, fue el caldo de cultivo para la huelga de Salvat y otras movilizaciones que marcaron el camino hacia la transición democrática y la consolidación de los derechos laborales y sociales en Navarra y en todo el Estado español.

Las experiencias personales de aquellos años reflejan la valentía y el riesgo constante: desde la vigilancia policial hasta la amenaza de despidos y represalias, cada paso dado era una apuesta por un futuro mejor. La memoria obrera no solo es historia, sino un testimonio vivo de la resistencia y la dignidad de quienes lucharon por sus derechos y por la transformación social.

PD: Un recuerdo especial para aquellos que hoy no están con nosotros, pero que su participación y protagonismo en esta lucha nos hará recordarles con respeto y admiración.

*Sindicalista jurado de empresa en Salvat, año 1976