Clérigos
Los clérigos se reivindican a sí mismos. Buscan secuaces y financiación. Jesús combatió la casta sacerdotal, sus privilegios e injusticias y estableció una comunidad de iguales. No fue sacerdote. Los sumos sacerdotes firmaron su sentencia de muerte. Fue condenado por los guardianes del culto y de la ley. La concepción actual del sacerdocio ministerial, su inherente clericalismo, la exclusión de la mujer, el clasismo no provienen de Jesús.
El celibato, la jurisdicción que se atribuyen los clérigos, su autopercepción de seres sagrados a quienes se les encomienda en exclusiva la fracción del pan y el juicio moral no son sistemáticamente deducibles del evangelio. Son modificables. Se necesita otra hermeneútica cristológica. Jesús abolió el templo, instauró el culto en espíritu y verdad, sin chamanes ni rito religioso alguno, una espiritualidad sin religión. El sacerdocio actual responde a la concepción veterotestamentaria de la religión judía, no al espíritu de Jesús. No necesitamos clérigos, y menos si son espuriamente importados. Para celebrar la eucaristía se necesita compartir los bienes y vivir en pobreza en una comunidad de iguales. Y esa es, precisamente, nuestra indigencia. Lacerante la ausencia del pobre en la eucaristía. “Sin pobres no hay cuerpo de Cristo” (Papa Francisco).
Mi respeto a los curas navarros -algunos muy amados- y a quienes radicalmente disienten del sentir mío.