Ocurre lo mismo con la paz…¿es que acaso somos ingenuos o no alcanzamos conocer lo suficiente quienes pensamos que con ella repartida por igual viviríamos, y sobre todo dormiríamos mejor todos sin excepción?
¿Qué nos falta despertar o plantear?….¿qué premisa indispensable se tiene que dar para que se asiente entre nosotros… y florezca como nunca?
Dejando a un lado todas las leyes humanas y divinas que nos han llegado desde siempre y nos mantienen en guerras también como siempre, con solo comprender en la profundidad de la conciencia individual y colectiva la regla universal: “No hagas a otro lo que no quieras para ti”… bastaría.
La última guerra desatada tiene tan mal cariz como ninguna otra conocida.
No quiero desgranar más, tan solo destacar -al margen de cómo ordena y equipa cada uno su propia casa- que ambas partes gobernantes en liza directa se causan gran daño mutuo, a los bienes y a la población civil, con la particularidad que progresivamente se hace extensivo a todo el planeta.
La parte que recibió la primera agresión una vez más, sin esta agredir a nadie, se compromete a dejar de responder con violencia mortal siempre que la otra se comprometa a nunca más volver a agredirla…. ¿Por qué no se atiende a esta premisa tan razonable y humanitaria para que se de la paz?