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Tiempos de zozobra

Tiempos de zozobraEFE

Corren tiempos de profunda inestabilidad e incertidumbre, tristemente son tiempos de guerras, en los que el péndulo del mundo cuelga de un inestable personaje que da bandazos a diestro y siniestro generando un hábitat de caos, donde se desenvuelve como pez en el agua. Solo hay que ver cómo con cuatro palabras que salen de su boca se altera en cuestión de minutos la marcha de los mercados bursátiles o el precio del petróleo, ambos dos, principales indicadores de la evolución de un conflicto bélico moderno.

Quedaron en los anales de la historia aquellos momentos en los que el principal indicador del progreso de una guerra era el número de fallecidos o el avance o retroceso de las tropas. Ahora solo importa el impacto económico que el enfrentamiento causa: beneficioso para algunos y perjudicial para la mayoría. Los muertos han pasado a segundo o quizá a tercer plano. Creíamos que con el desarrollo tecnológico la población civil iba a estar más protegida y que el asunto se iba a librar en el campo de batalla, pero resulta que el campo de batalla son las ciudades donde los civiles se refugian de las bombas en hospitales, colegios, etcétera, creyendo ingenuamente que esas instalaciones nunca serán objetivo de guerra.

Está visto que, unas veces por fallos técnicos y otras por acciones premeditadas, los verdaderos sufridores de esta sublime insensatez son las personas corrientes y molientes. Hace demasiado tiempo que los episodios de crímenes contra la población van acompañados de una vergonzosa impunidad y que sus instigadores siguen campando a sus anchas, sin dejar de generar horror y sufrimiento, lo que es indicador de que hasta el Derecho Internacional, que incluye los derechos humanos, está siendo víctima de la zozobra imperante en estos tristes tiempos de guerras.