La falsa alternativa del señor Remírez para Larrabide
Las recientes declaraciones del consejero Javier Remírez, vicepresidente primero, consejero de Presidencia e Igualdad y portavoz del Gobierno de Navarra, asegurando que “nadie se va a quedar sin servicio” tras el cierre de la piscina de Larrabide no solo faltan a la verdad, sino que demuestran una alarmante desconexión con la realidad de los ciudadanos. Desde la plataforma Salvemos Larrabide nos vemos en la obligación de desmontar sus justificaciones, que no se sostienen.
En primer lugar, afirmar que las instalaciones de Guelbenzu son la solución, no es realista. El Gobierno garantizaría el servicio únicamente a los abonados anuales, y ya albergamos serias dudas de que el aforo de Guelbenzu pueda soportar siquiera a este grupo. Pero lo más grave es la exclusión del resto de la ciudadanía: esta medida deja fuera a los miles de usuarios que se abonan exclusivamente durante el verano, a quienes utilizan la entrada diaria, a personas con escasos recursos económicos, a la infancia que accede mediante los campamentos de verano y a los grupos de jóvenes con diversidad funcional o discapacidad que dependen de esta accesibilidad.
El consejero justifica el proyecto argumentando que es una instalación “muy demandada”. Nos preguntamos: ¿demandada por quién? Es evidente que responde a los intereses del Centro de Tecnificación. Sin embargo, el Gobierno de Navarra tiene la obligación de legislar y gobernar para todos sus ciudadanos, una responsabilidad que va mucho más allá de las necesidades exclusivas del deporte de alto rendimiento. Queremos dejar claro que no estamos en contra de construir o ampliar las instalaciones de tecnificación; a lo que nos oponemos frontalmente es a que se haga a costa de destruir un espacio de salud y actividad física que actualmente da servicio a 5.000 personas durante el verano. Perjudicar a miles de ciudadanos para favorecer a unos pocos no es una política pública aceptable.
Por último, el proyecto adolece de una nula visión de futuro y de sentido urbanístico. Construir una piscina olímpica de 50 metros en la calle Sangüesa supondrá la saturación definitiva del barrio. El entorno no cuenta con aparcamiento suficiente para absorber la llegada de deportistas, familiares y seguidores durante las competiciones. Además, el espacio físico está llevado al límite; encajar la piscina ahí significa imposibilitar cualquier crecimiento. ¿Qué pasará cuando el Centro de Tecnificación necesite ampliar sus deportes o servicios? No hay margen para más. El sentido común dicta que una infraestructura de este nivel debe construirse en las afueras, en un espacio preparado para crecer y sin ahogar a un barrio que ya no da más de sí.
Exigimos al Gobierno de Navarra que recapacite, escuche a los miles de usuarios afectados y proyecte sus instalaciones de élite donde realmente tengan viabilidad, sin destruir Larrabide.
* Usuario de las piscinas de Larrabide