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Transitando por un proceso oncológico

Transitando por un proceso oncológicoOskar Montero

Tras meses de idas y venidas en consultas sin saber el origen de mis fiebres altas y sudoraciones nocturnas muy exageradas, llegó el diagnóstico que nadie quisiéramos recibir, un cáncer se había extendido por buena parte de mi cuerpo.

Más de 2 años con este inesperado proceso. Incertidumbres que intentan apoderarse, ruido que en algunos momentos no cesa y sube de tono. Personas que sin saber la situación dictan frases sobre tu aspecto físico en negativo. Otras indicando que luches, etcétera.

La resolución no está en mi lucha, sino en la efectividad de los duros tratamientos recibidos, de que se hagan a tiempo pruebas diagnósticas suficientes para detectar cualquier “despertar” de las jodidas células perjudiciales. De mí depende, y solo en parte, la gestión emocional, lanzarme mensajes positivos para contrarrestar el ruido y la incertidumbre. El trabajo diario en este sentido es grande y en ocasiones agotador. No solo es cansancio físico lo que toca remontar, pues el cansancio emocional acumulado en ocasiones supera al físico. Por ello y mucho más, quiero agradecer a esas personas que sostienen y saben acompañar en situaciones como estas. Por lo que veo, no son muchas, pero son auténticas y muy necesarias.

Es de agradecer a esas personas que han estado tan cerca de verdad, sin adornos ni postureos. La verdad que ayuda mucho a seguir fluyendo en la vida.

No puedo olvidarme en este momento la gran labor que realiza la Asociación Española contra el Cáncer. Nada más comenzar el proceso oncológico recibí una llamada ofreciéndome sus servicios. Inicialmente de psicooncología, seguidamente con talleres y actividades físicas que me han ayudado mucho en la recuperación, actualmente sigo haciendo uso del servicio de fisioterapia. El teléfono de atención 24 horas me ha resuelto dudas importantes. La calidad humana que desprenden es enorme.

En general somos mucho de escribir para quejarnos, pero me parece muy importante agradecer y hacerlo públicamente, además.

Gracias a mis hijas, hermanos, sobrinos, gracias a todas las personas que habéis estado sosteniendo de muy diversas maneras, a las que os lanzasteis a escribir cosas sobre mí, recogiendo el guante que lancé. Gracias a Maite por tanta ayuda y consejos, gracias a mi actual médico de Atención Primaria y a la enfermera, gracias a la reumatóloga que tomó la decisión de ingresarme hasta descubrir el origen de las fiebres, gracias al personal sanitario y auxiliar en toda su extensión, gracias, de verdad.

Estos tránsitos a veces duros, se hacen más llevaderos con personas que aportan tanta humanidad.

Nos seguiremos viendo por las calles.