Es casi la una de la madrugada y no puedo dormir. Han llegado los días en los que el futuro de una nueva remesa de jóvenes está por decidirse. Atrás quedan días, meses y años de preparación. Nervios, emoción, llantos, alegrías y penas. No son un grupo de 300 en plena batalla del Peloponeso, ni valerosas heroínas de una silva arromanzada; son el futuro de nuestro país. Las futuras manos que nos pondrán una vía, diseñarán nuestra casa, descubrirán una nueva mujer de Altamira o, sencillamente, viajarán por el mundo tendiendo su mano amiga.
Si estuviéramos en clase y tuviéramos que analizar este texto, hablaríamos sobre el tema, que debe recoger la intención de la autora. Sobre la función lingüística, que puede oscilar desde la fática a la metalingüística. Seguiríamos con la tipología textual para tratar de discernir si se trata de una narración, una exposición o un diálogo imaginario a kilómetros de distancia. Pero, sin confundirlo con el ámbito, en este caso, aunque pueda parecer la entrada de un diario personal o un folleto de publicidad, podemos ver el nombre del periódico. La sección ¿informativa? No, para nada, claramente versa sobre un artículo de opinión.
Una opinión sobre un tema de actualidad, sí. ¿Y firmada por una columnista de renombre? No, eso no. Podría haberlo hecho, soñarlo lo hice en su momento cuando estudiaba Comunicación Audiovisual, cuando creía que todo era mucho más sencillo, que bastaba con tener una pluma, una hoja y algo que decir. Algo que anunciar y proclamar a los cuatro vientos. La vida, sin embargo, me llevó por otros derroteros. Como os dije en clase, el camino recto no siempre es el mejor; a veces es necesario perderse hasta encontrar un destino. Yo lo hice. Me perdí en la selva, en las noches estrelladas, en las ilusiones del alma y en las mañanas de olor a bebé. Pero lo encontré: vosotras. La razón de este modesto escrito, que les daré una pista: es una epístola, una carta al director, pues en este caso los receptores son ustedes.
Aquellos que habéis compartido conmigo horas de soledades, de Campos de Castilla, de casas llenas de espíritus que dan voz a los sin voz, de cantautores que recuerdan solo cinco minutos de amor antes de volver al trabajo, de sementales blancos en medio de la oscuridad y de hermanas que prefieren clavarse un puñal antes que escuchar la verdad. Poetas del tiempo, del símbolo y la esperanza. Escritoras que apuestan por la literatura como forma de salvación colectiva, de reconstrucción de la memoria y la identidad, para que no olvidemos de dónde venimos, que antes que nosotros hubo muchos otros, que forjaron sus vidas, que tomaron sus decisiones y que configuraron el hoy.
Solo espero que, más allá de la adecuación, la coherencia o la cohesión, algo se haya prendido en vuestra mente. La conciencia de que la palabra hablada o escrita, el verbo nuclear sobre el que gira toda nuestra sociedad, es algo de vital importancia. No son solo clases de Lengua Castellana y Literatura; son mucho más, son pequeños ecosistemas donde se fragua el futuro de toda una generación.
Aunque me salga del registro formal, os diré: carpe diem, os llevo en mi corazón. Que las musas os inspiren y salgáis victoriosos.
Profesora de Lengua Castellana en el IES Navarro Villoslada