Del PEAU de Bayona 38 al civivox de Bayona 38
Se reconoce que hay operaciones urbanísticas complejas. Y luego está la de avenida de Bayona 38, que merece ser estudiada en las facultades de Comunicación. Porque lo que inicialmente parecía una modificación urbanística para aumentar la edificabilidad de una parcela privada ha acabado convirtiéndose, casi por arte de magia, en un debate sobre la necesidad de un civivox para San Juan. La transformación del relato ha sido admirable.
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Durante meses algunos vecinos hemos hablado de alturas, de sombras, de soleamiento, de excavaciones profundas, de impacto sobre edificios colindantes y de la pérdida de calidad de vida que puede suponer levantar una torre de quince plantas en un entorno residencial consolidado. Sin embargo, de un tiempo a esta parte parece que todo se reduce a una única cuestión: ¿quiere usted un civivox o no? Y claro que queremos un civivox. Llevamos años reclamándolo. Precisamente por eso sorprende que una reivindicación histórica del barrio haya terminado utilizándose como principal argumento para justificar una operación urbanística de enorme impacto. También hemos aprendido algo nuevo. Resulta que deberíamos sentirnos agradecidos porque el edificio tendrá quince alturas y no más. Según se nos explica, podría haber sido aún más alto.
Reconozco que el razonamiento abre interesantes posibilidades de futuro. Si quince plantas permiten disponer de un civivox, quizá veinte permitirían uno mejor. Con treinta podríamos aspirar a un equipamiento de referencia regional. Y con cuarenta, quién sabe, tal vez podríamos competir con Benidorm y convertir San Juan en un referente internacional del urbanismo vertical.
Naturalmente, entre tanta ilusión por las alturas y los metros cuadrados, existe el riesgo de olvidar un detalle menor: que alrededor de ese edificio viven personas. Personas que llevan décadas en el barrio. Personas que compraron sus viviendas cuando nadie imaginaba que algún día aparecería una torre de estas dimensiones junto a sus ventanas. Personas para las que la pérdida de luz, vistas o calidad de vida no es una cuestión teórica ni un plano sobre una mesa.
También merece una mención especial la gestión de los tiempos. La aprobación inicial del PEAU se produce antes de la sesión de retorno del proceso participativo y el periodo de alegaciones coincide con las vacaciones de verano y las fiestas de San Fermín. Probablemente sea una casualidad administrativa. O quizá algunos seguimos teniendo una idea demasiado ingenua de la participación ciudadana y pensábamos que primero se escuchaba a los vecinos, después se analizaban sus aportaciones y finalmente se tomaban las decisiones. En cualquier caso, conviene aclarar una vez más algo que parece haberse perdido entre titulares y presentaciones.
No estamos en contra del civivox. Estamos en contra de que se utilice el civivox para justificar lo que de otro modo resultaría mucho más difícil de justificar. Por eso seguimos defendiendo exactamente lo mismo que defendíamos al principio de esta historia: civivox sí, pero no así.