tristeza democrática. La expresión no es suya, pero Barcina la repite como un papagayo presta siempre a rentabilizar hasta las peripecias adversas de su vida política. Desde que le fuera aplicado un tratamiento facial y capilar a base de merengue en tarta -ni ético ni estético ni oportuno- allá en Toulouse, Barcina confiesa compungida su tristeza democrática. Prensa digital e impresa, radios y televisiones e Internet reproducen su estudiado y astuto latiguillo. La acción de los opositores al tren de alta velocidad se presenta como una violación del llamado respeto institucional. Escándalo hipócrita. Uno de los problemas graves de las sociedades democráticas es que el respeto institucional se entiende siempre en la misma dirección: de los ciudadanos hacia los mandatarios, del pueblo hacia las instituciones. Comúnmente, dirección única. En el debe de Barcina: la usura de recaudar el sueldo universitario de 19 días mientras negociaba su investidura como presidenta del Gobierno de Navarra. La mentira de su diligencia en la declaración de ingresos, a la que se negó antes de las elecciones forales. El engaño de la austeridad por carencia de una televisión autonómica cuando con dinero público financia tres privadas. El silencio de años, vergonzante y bien retribuido, ante el deterioro de la solvencia patrimonial y financiera de Caja Navarra. El derecho a cobrar hasta los 75 años por la presidencia de su Junta de Fundadores. La obsesiva discriminación institucional de concejales y grupos municipales elegidos en las urnas. La utilización sectaria e imprudente de la Policía Municipal para impedir la exhibición de la ikurriña -bandera legal, constitucional- en el chupinazo. La manipulación en el uso y costumbre de delegarlo para esquivar a Batasuna (el sistema venía de atrás como las dietas de la Can, pero no lo respetó como hizo con la costumbre de cobrarlas). El desprecio arrogante a decenas de miles de firmas ciudadanas contrarias al aparcamiento de la Plaza del Castillo. El procaz descrédito de un día de huelga de profesorado -doliente con el perjuicio al alumnado- cuando algunas sustituciones de docentes se demoran quince. El mantenimiento del organigrama de empresas públicas, organismos autónomos y fundaciones, auténtico fondo de reptiles para la designación directiva de incondicionales, la colocación de afines y la recompensa de sobresueldos, todo hurtado al control de Comptos. El todavía alto número de cargos de confianza. La injusta distribución de las cargas fiscales y el extendido fraude fiscal. El obsceno recorte en cultura. El ventajismo político de apoyarse en opuestos (PSN-PP) para saciar apetitos institucionales. El uso partidista y electoral del terrorismo. Todo eso sí produce tristeza democrática. Honda.