Barcina reclama el reconocimiento social de su calidad de artífice. Con razón: artífice es "persona que tiene arte para conseguir lo que desea". Para eso tiene habilidades extraordinarias y una extraordinaria falta de escrúpulo. Barcina presume de artífice de la transparencia en las retribuciones de miembros y altos cargos del Gobierno foral. Casi pionera en el Estado, realza. Le falta credibilidad porque mintió con descaro, y sin posterior disculpa pública, al comparar los ingresos anuales que hubiera tenido como catedrática con los que tuvo como alcaldesa. En una democracia seria, la mentira es causa de dimisión. También carece de credibilidad porque rehusó hacer público su patrimonio antes de las elecciones forales -brete de campaña en que le puso el PSN- y porque no ha rendido cuentas sobre sus ingresos en tres mandatos como regidora de Pamplona. Sabemos que en 2010 recolectó 143.256 euros brutos (cerca de 24 millones de las antiguas pesetas), de los que un 55% (del orden de 13 millones de pesetas) fueron dietas. ¿A cuánto ascendieron sus ingresos netos en doce años de alcaldía? ¿Tuvieron el mismo tratamiento fiscal sueldo y dietas? Si presume de artífice de la transparencia, ahí tiene materia. Barcina nunca declaró que el importe de las dietas de Caja Navarra (2.600 euros brutos/ casi medio millón de pesetas por hora y media de reunión) le pareciera excesivo. Sólo dijo que asumió la costumbre de cobrarlo. Si acaso se lo pareció, puede devolver parte del importe. No le vendría mal a la entidad financiera. Con los cambios promovidos en el sistema de retribuciones, transparencia relativa y absoluta falta de austeridad. No son salarios solidarios ni ejemplares en tiempos de crisis grave. Barcina mandó decir al portavoz Sánchez de Muniáin (su bronceado facial disimula rubores) que ha rebajado sus ingresos anuales en un 43%. Lo que ha hecho Barcina, presionada y urgida por el escándalo de las dietas de Caja Navarra, ha sido incorporar al sueldo base un "complemento de responsabilidades" por la gestión en órganos colegiados a los que se pertenezca en representación del Ejecutivo. Renuncia a un inmoral e irregular sobresueldo (el importe de las dietas dependía del número de reuniones), que llegaba a doblar el digno sueldo oficial (70.000 euros anuales), y amarra buena parte del mismo con una subida del 33% en el salario asignado a la presidencia. Resultado: será uno de los dirigentes autonómicos mejor pagados (92.712 euros). La denominación de ese complemento que supone el 25% del futuro nuevo sueldo, "responsabilidades adicionales", es un sarcasmo. Una ironía desvergonzada. El sentido de la responsabilidad, la autocrítica y su derivada en obligaciones morales están casi ausentes. Barcina, más embustera que austera.