ajustes es el vocablo políticamente correcto. Recortes son las consecuencias socialmente dramáticas. Público se vincula con despilfarro. Privado, con eficiencia. Trucos semánticos para edulcorar medidas severas y decisiones privatizadoras, objetivos políticos de la derecha que en breve legislará y gobernará con mayoría absoluta. La receta aplicada en algunas comunidades autónomas, pronto terapia de Estado. Al PSOE de ZP le debemos unos meses de calentamiento. Socialistas, teloneros de liberales. Lo público -solvente y de calidad- es esencial para la cohesión de la sociedad. Ya desmantelada: los pobres descienden hacia la miseria, la clase media se empobrece, y los ricos son más ricos. La fractura, inquietante. Alarmante. Encima, algunos dirigentes conservadores cometen la arrogante indignidad de presagiar un incendio de la calle ante lo inevitable de sus "sensatas" medidas. Provocadores. La aceptación simplista e inducida del desprestigio de los servicios públicos resulta peligrosa. Astuta premisa para su incorporación parcial al negocio privado. La salud, la educación y los servicios sociales -clientela garantizada, partidas presupuestarias millonarias- son apetitosas áreas de negocio. Los nuevos ladrillos del enriquecimiento obsceno. En última y principal instancia, los evidentes e indiscutibles defectos y vicios adquiridos por el sector público son históricamente imputables a sus dirigentes técnicos y políticos y, por arriba, a los gobernantes. Los han permitido y fomentado. Son los máximos responsables de las perversiones del sistema. Buenos y varios sueldos, malas gestiones. Y con la presunción envidiosa de que en el sector privado ganarían mucho más. Será que esa frustración los hace gestores desmotivados. Un incompetente desmotivado es el colmo de la estulticia. Los políticos electos, abusadores de la democracia representativa, han fracasado en la sostenibilidad del estado del bienestar. La falta de austeridad, de rigor en el equilibrio entre ingresos y gastos, y el fácil recurso al endeudamiento, han irradiado contagio de las administraciones hacia los administrados. Mal ejemplo con secuelas. Los gobiernos de tecnócratas impuestos en algunos países revelan el fracaso de los políticos electos. La prevalencia del dictado de los mercados cercena la calidad democrática. La soberanía reside en los especuladores. En Navarra, la forzosa cohabitación de Barcina -cada vez con más enemigos internos- y Jiménez -secretario general en dos hundimientos electorales- ha tomado dos primeras decisiones: asegurarse buenos ingresos y aplazar gastos y pagos. El superávit en sus cuentas privadas y el cumplimiento del déficit reglamentado en las públicas. Una medida en su beneficio; otras, a costa de los demás. Infame.