Iñaki Urdangarin, certero en su diagnóstico del estado de ánimo de la sociedad española: "preocupado, apesadumbrado e indignado". Si hablaba de él -que así era por boca de su abogado-, un cínico. Si hubiera hablado de la gente, un psicólogo o un fino cronista social. Sus presuntos delitos de corrupción están en fase de instrucción judicial. La presunción de inocencia se extenderá hasta que haya un fallo irrevocable. La Casa del Rey ha adelantado sentencia: apartado de actos oficiales por comportamiento "no ejemplar". Descalificación moral, con medida cautelar de corto alcance. Salvoconducto para la infanta Cristina. Damnificados colaterales: la institución monárquica, secuela del franquismo impuesta en la Transición; el Rey Juan Carlos I, a la vejez la viruela de la transparencia económica; el Príncipe Felipe, sucesor dinástico en un clima popular cada vez más refractario a los abolengos aristocráticos; la Reina Sofía -la más profesional de la familia en ortodoxia de la realeza-, ofuscada por sentimientos familiares al publicitar fotográficamente su apoyo al matrimonio. Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin: ¿Familia Real o familia de los Reyes? Divagación irrelevante. Dique de contención. Matiz versallesco para eruditos en linajes. Para la opinión pública, Familia Real. La codicia soborna más a los más privilegiados. Los directos descendientes de los Reyes -que en su infancia y juventud han llevado una vida de tales- se emancipan con asignación familiar del dinero público aportado a la Casa del Rey, y ellos y sus cónyuges tienen fácil acceso a cómodas, distinguidas y bien retribuidas colocaciones laborales. Su trabajo concilia sin pegas con la vida familiar y con las obligaciones institucionales. E incluye ascenso y traslado si conviene poner pies en polvorosa. El caso Urdangarin revela la desidia de la Casa Real en descubrir y atajar a tiempo actitudes no ejemplares de sus miembros, y la estúpida pleitesía cómplice de gobernantes autonómicos y empresarios ante determinados personajes. Este año, el discurso del Rey será aperitivo obligado a la cena de Nochebuena. Más por morbo que por empatía. ¿Dirá algo sobre esa turbulencia familiar?

¿Se animará a publicar sus cuentas? ¿Y a desvelar la evolución de su patrimonio desde 1975? La Casa del Rey incurre en contradicción: lamenta el juicio paralelo abierto en la opinión pública ante los graves indicios de delito hallados en la investigación, mientras sanciona al yerno con un escarmiento. Castigo profiláctico para evitar el contagio de la mala imagen. La cena de la familia Borbón podría ser el reality estelar de la noche del 24. Y a partir de enero, la escalera: imputación o exculpación, implicación o no de la esposa, juicio y sentencia. Siempre quedará el indulto.