Amnesia selectiva
Corren tiempos de adhesiones inquebrantables y de respaldo al 100%, y en ese fervor por marcar todos el mismo paso los matices son mal recibidos. Que se lo digan si no a la todavía parlamentaria vasca, Aitzane Ezenarro, a quien este periódico dedicaba anteayer una extensa entrevista. Aquí y en Madagascar, los partidos políticos toleran mal la disidencia. Peor aún los herederos de cierta tradición de la izquierda basada en el "centralismo democrático" como método de (di)solución de la discrepancia. Calla y obedece. Con todo, parece un poco excesivo que una cuestión de pura semántica suponga la expulsión de tres cuartas partes de su grupo parlamentario como ha hecho ahora Aralar en el Parlamento Vasco. Sospecho que la dirección de este partido hace tiempo que había tomado la decisión de prescindir de Ezenarro y sus dos compañeros, y que estos eran conscientes de que estaban cruzando un Rubicón de no retorno. La getariarra encabezaba en la CAV el sector contrario a la espectacular ciaboga de Aralar de vuelta a la IA que abandonó hace 12 años por su oposición a la violencia. Tiene su lógica que, desaparecido el principal motivo para el divorcio, los escindidos de otro tiempo vuelvan a la casa del padre. Se comprenden, sin embargo, las reticencias de muchos de los que apostaron por la novedad ética y estética de Aralar a unir sus destinos a los de personas que todavía distan mucho de haber realizado una reflexión crítica sobre lo que nos ha sucedido en las últimas décadas. Lo dice Ezenarro en la entrevista y lo puede decir cualquiera que durante estos años no se haya refugiado en una plácida luna: la ETA de parabellum y goma-2 no ha sido la única que, en la izquierda abertzale, ha practicado la presión y la coacción sobre los otros. En estos momentos en que tanto se apela a la memoria histórica, sorprende la amnesia selectiva que se ha instalado en determinados sectores sobre nuestro pasado más reciente.