Estamos inmersos en días de renuncias, de episodios que son y dejan de ser, de actividades que desaparecen de nuestra vista por variadas razones. El jueves, en ocho pueblos de Baztan se celebró Orakunde –llamado también Egun Ttun-Ttun u Oilar Dantza–, es decir, el Día del Gallo, ahora sin gallo debido a la gripe aviar. Los chiquillos se vieron abocados a ir a la captura de un muñeco y, claro, sin animal la cosa perdía su sentido.

Horas después, tal y como nos temimos muchos, Pamplona se quedó sin el servicio de alquiler de bicicletas eléctricas tras el ultimátum lanzado por la empresa concesionaria. Veremos cuánto tarda el Ayuntamiento en ordenar una situación que altera y mucho la vida de miles de usuarios de este transporte. Pero hablando de privaciones y pérdidas, nunca tantas como las que están provocando las ininterrumpidas tormentas de lluvia y viento. Una vez suspendido el mercado de producto local Basotxoa que iba a celebrarse en el Bosquecillo –y otros muchos eventos–, mejor no hablar de los carnavales, con actos realizados deprisa y corriendo, a cubierto de frontones y otros puntos de cobijo. Ni todos los moxaurres y momotxorros, junto con decenas de crupieres, adorables animales de peluche y un temible hartza han podido con semejante diluvio. ¡Asco de tiempo!