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Intocables

no se pidieron responsabilidades al rey cuando lo pillaron de juerga cinegética en Botsuana invitado por oscuros millonarios árabes. La Constitución lo declara irresponsable, haga lo que haga. En cambio, el texto de nuestra Carta Magna, que dicen, no blinda a Botín. Sin embargo, esta misma semana se han retirado los cargos que pesaban sobre él por evasión de capitales. Una vez más, el gran banquero se libra de los tribunales. Además de la oficial, existe otra Constitución, no escrita, pero absolutamente en vigor, que traza parapetos alrededor de esta casta de intocables para la que no rigen las normas que afectan al común de los ciudadanos. A ella pertenece también Carlos Dívar. El presidente del CGPJ no pisará el otro lado del estrado por retirada de cargos de la Fiscalía y el apoyo de la mayoría de sus colegas. Lobo no come lobo. Seguirá pasando fines de semana de cuatro días en Marbella a cuenta del contribuyente. Rato y los consejeros de Bankia también se van de rositas después de haber dejado el mayor agujero negro desde los tiempos del Big Bang. El chandrío lo vamos a pagar a doblón entre todos, pero ni a Camps, ni a Esperanza Aguirre, ni al resto de los responsables políticos les va a afectar judicialmente. Y qué decir de nuestra tropa de intocables domésticos. De nuestra Barcina. De nuestro Jiménez. De nuestro Miranda. De nuestro Sanz, ahora ya en discreta pero incluso más suculenta segunda fila. Con su ineptitud, su sectarismo ideológico y su avaricia han contribuido directamente a la desaparición de la Can y a la volatilización de sus activos, y ni tan siquiera van a explicar en el Parlamento su contribución personal a una jugada en la que Navarra ha perdido dinero -mucho-, ha perdido autonomía y ha perdido capacidad. Quizás acabemos agradeciendo a esta crisis la definitiva identificación de una casta privilegiada que todo se permite y a la que todo está permitido. Tanta soberbia tiene que acabar pasándoles factura.