Síguenos en redes sociales:

Estamos de vuelta

Ya estamos aquí de vuelta, con septiembre más septiembre que nunca, sin el buenazo de Alejandro Casla subiendo por Txapitela, el IVA por las nubes, los bolsillos rotos y el anuncio de unos meses que pueden ser de infarto. El otoño ha venido, o casi, y a Barcina nos ha traído. Se nos había olvidado que teníamos presidenta y conozco a poca gente que le haya echado de menos. Lo de hacerse humo en verano es nuevo para ella. De primera edil de la capital se prodigaba mucho más por los pueblos, en esos agotadores agostos de cohete y calderete. ¿Es solo miedo escénico a la pitada o pura necesidad de desconexión? No lo sabremos. Tampoco debajo de qué piedra se ha metido en estos dos meses, uno de los secretos mejor guardados de la política foral. Barcina vuelve, y ¿cómo vuelve? ¿Continúa noqueada tras su paupérrimo papel del primer año de legislatura, o está ya afectada por estrés postvacacional? De momento se estrena intentando conjurar algo que UPN teme más que al pedrisco: el peligro de un adelanto electoral. Y lo ha hecho advirtiendo al PSN que forzar en estos momentos una vuelta a las urnas sería arriesgarse a bajar todavía más su techo electoral. Algo que los socialistas navarros saben de sobra. Ellos también tienen acceso a esas encuestas que se hacen pero no llegan al ciudadano. No les dice Barcina qué ocurriría con el techo electoral de UPN si las elecciones se celebrarían ahora. Ni tampoco qué le puede ocurrir al PSN si deja pasar el tiempo y permite que la exalcaldesa agote esta desastrosa pero clarificadora legislatura. Metidos en un socavón de proporciones planetarias a donde se han caído por deméritos propios, Jiménez y los suyos deshojan la margarita intentando dilucidar cuándo es Guatemala y cuándo es Guatepeor. Todavía son algo, pero cualquier cosa que hagan puede acabar contribuyendo a lo que hace bien pocos años parecía imposible: que el PSN se convierta en un partido irrelevante dentro del panorama político foral.