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Epitafio

Nafarroa Bai la hicieron los partidos, pero nació del clamor demucha gente que estaba hasta las narices de ser la excluida dela fiesta. Gente harta de ver a los mismos y las mismas -y atoda la recua de familiares y colegas de los mismos y las mismas-mandando, compadreando y mamoneando para perpetuarse en todaslas instancias de poder y de dinero de esta Comunidad. Genteque no podía entender que sus representantes políticos se emperraranen unas estrategias que, a la postre, no les traía más que marginalidady ninguneo. Nafarroa Bai la hicieron unos partidos puestos entrela espada y la pared de aceptar una estrategia común y diferente,o arriesgarse a la aparición de nuevas opciones que acabaranabonando un campo que ellos habían dejado yermo. Fruto de esafalta de entusiasmo es el interminable rosario de desavenenciasy tensiones dentro de una coalición que, por lo demás, alcanzóunos resultados jamás imaginados por una formación vasquistaen la Navarra posterior a la Transición. Esa desmoralizante jaulade grillos que ha sido NaBai en sus ocho años de vida ha resultadoel invento que más nervios ha provocado en todas las esferasdel poder en Navarra en los últimas tres décadas. Ahora, lospartidos que más pugnaban por ser los gallos del corral de lacoalición, han migrado a otra oferta electoral en la que lo máximoque pueden aspirar es convertir en cola de león. Produce sonrojover a algunos de ellos reivindicando para sí el espíritu de NafarroaBai, mientras hacen putaditas de última hora a sus antiguos socios.NaBai fracasó en su objetivo de desbancar a la derecha del ejecutivoforal, algo que, visto con cierta perspectiva, casi es de agradecer.No todos hubiéramos aguantado un día sí y otro también la vergüenzaque nos habrían hecho pasar las trifulcas de los nuestros, colocadosen situación de gobernar. Ahora, roto el juguete, tendrán queser otras siglas las que lo sigan intentando.