El mundo del castellano
Me agradó ver ayer a periodistas, cantantes o cineastas de eso que entre nosotros llamamos erdal mundua -el mundo del castellano- en la presentación de la concentración de mañana en pro de Euskalerria Irratia. Gente que nunca va a escuchar esta emisora, ni va a ser invitada a ningún debate, ni va a ser protagonista de ninguna entrevista que ésta vaya a emitir y que, sin embargo, por simpatía y/o puro sentido de la Justicia, pide que la radio de la torre de Irrintzi pueda competir en el dial en el mismo plano de igualdad que el resto del gremio radiofónico con presencia en Navarra. Desgraciadamente, gestos de este tipo han dejado de ser frecuentes. Vivimos tiempos de sálvese quien pueda, donde nos quieren hacer creer que el azote del paro sólo afecta a los parados, la problemática de la mujer es ajena a lo que haga el hombre y los recortes de Educación únicamente incumben a las familias con niños en edad escolar. En los últimos años, el mundo del euskara ha visto cómo se han perpetrado ataques contra su línea de flotación -el cierre de Egunkaria o la "contrarreforma lingüística" de UPN- sin práctica oposición fuera de la comunidad lingüística euskaldun o, a lo mucho, el nacionalismo vasco. Salvo excepciones -que las hay-, los profesionales y agentes culturales y sociales castellanófonos y sus asociaciones se han callado como muertos ante unas decisiones de los poderes público que lesionaban directamente los derechos de una buena parte de la población de este país. No eran años fáciles. ETA lo contaminaba todo y el autismo guetista de una parte de ese euskal mundua no contribuía precisamente a buscarle amigos. Hoy existen bastantes menos excusas para que esa parte mayoritaria de la sociedad navarra que se expresa en castellano empiece a ejercer su solidaridad con la otra. A mí me avergonzaría vivir en un lugar donde a mi vecino le están negando permanentemente derechos que a mí nadie -tampoco él- me discute.