Ya sospechaba que la Barkos no era trigo limpio
la vi el pasado noviembre en Villava, en el 25º aniversario de Euskalerria Irratia. Se sentó en un lugar discreto, donde no destacaba ni su pelo corto ni su figura menuda. La pérfida, sin duda, hacía cuentas. Calculaba cuánto le iban a reportar los 1.200 euros que -además de la cuota anual- acababa de donar a ese proyecto radiofónico, para el que, con toda su cara, acababa de pedir 150.000 euros en el Congreso. Por fortuna, sus señorías se dieron cuenta a tiempo. Cualquiera sabe qué hubiera hecho Euskalerria Irratia con el dinero conseguido por la Barkos: quizás ayudar a pagar sus nóminas, mejorar la programación, ampliar la cobertura o paliar efectos negativos directos de la política de acoso a la que le somete la Administración Foral. Y con lo que sobrase, hacer que la Barkos se forrase. Forrarse como nos forramos año tras año todas las personas que, desde hace un cuarto de siglo, hacemos entrega de nuestra aportación -generalmente pequeña; más generosa en casos como el de Uxue- para que en Pamplona y su Cuenca pueda escucharse una radio en euskara a pesar de UPN y del Gobierno foral. Ya digo, algo sospechaba. Me lo confirmó ayer el Diario de Navarra. Su portada constituía un documento inestimable para abrir los ojos a quien todavía estuviera ciego. Porque aquí, el debate de estos días no es el dinero que una serie de gentes, con Yolanda Barcina a la cabeza, se llevaron irregularmente de Can. Tampoco los negocios que unas personas, Yolanda Barcina entre ellas, hicieron a cuenta de esta entidad. Ni la imputación de un expresidente de Navarra, un alcalde de Pamplona y un exconsejero de Economía del Gobierno foral, todos de UPN, de la que de momento se salva Yolanda Barcina por ser aforada. El debate de estos días son los esfuerzos que la diputada Uxue Barkos, tanto en su hacer personal como en el político, realiza en favor de un proyecto plural y sin ánimo de lucro como es Euskalerria Irratia.