Metafísicamente imposible
Lo de estar "a sueldo de la patronal" lo hemos leído en panfletos y escuchado en manifestaciones. Dudo, sin embargo, que mayormente la hayamos percibido más que como una licencia poética o una concesión a la demagogia, disculpables en el calor del activismo político. Ahora, conforme vamos sabiendo cosas de la trama Gürtel y los papeles de Bárcenas, lo que parecía una hipérbole literaria va tomando cuerpo como verdad literal. Empresarios, generalmente del sector de la construcción, hacían generosas donaciones al partido, y lo hacían en metálico contante y sonante. Esos mismos billetes -o al menos parte de ellos- eran posteriormente introducidos en sobres que acababan puntualmente en el bolsillo de sufridos miembros del ejecutivo y esforzados cargos electos. Como por arte de magia, las empresas de los desinteresados donantes recibían luego suculentos contratos por parte de las administraciones públicas detentadas por esa misma formación política. Si no a sueldo, parece que estaban a sobresueldo. Hasta tal punto lo estaban que, de ser ciertas las informaciones que van publicándose, entre la nómina y el sobre, entre el A y el B, algunos llegaban a totalizar remuneraciones que, si bien no llegan al millón de euros al año que Sanz, Barcina y compañía pagaron a Enrique Goñi por no dejar de la CAN piedra sobre piedra, sí por menos se le acercaban. Otra cosica es Navarra. Afortunadamente, aquí las constructoras nunca han pintado nada. Nada de nada. Tan cierto como eso es que, conociéndolos como los conocemos, ninguno de los sucesivos dirigentes de UPN hubiera aceptado nunca el pago de sobresueldo alguno. Somos afortunados. En la arcadia foral, una trama como la de Gürtel es metafísicamente imposible. En este viejo y bendito reyno, un repartidor de sobres como Bárcenas es pura literatura de ficción. ¿Qué mente enferma y calenturienta podría pensar o sospechar lo contrario?