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Detrás de cada mata

echauri Forestal, una más en la Navarra foral. Otra vez, un negociete privado de un colega de la causa -en este caso, un viejo favorito de Yolanda Barcina- con pérdidas nuevamente socializadas en el mejor estilo UPN. El dinero volatilizado que se baraja no llega a la brutalidad de lo que Miguel Sanz perpetró con el circuito de Los Arcos, pero nos ha salido ya por un pico a cada habitante de esta comunidad, que nuestra a veces eficiente Administración se ha encargado ya de apoquinar. Lo de Los Arcos no tuvo una repercusión directa en nuestras cifras de paro. Indirecta, toda. En Echauri Forestal los primeros que están pagando los platos rotos parece que son los 65 despedidos del ERE de Ganasa. Quizás sea lo intrincado de la ingeniería aplicada en este caso lo que provoca que la indignación no suba de tono, tal como ha ocurrido con otros ejemplos de sospechosa y ruinosa utilización del dinero público por parte de UPN. En Echauri Forestal necesitas un gráfico y paciencia para entender quien fundó qué, quién compró qué, quién absorbió a quién. Más sencillo resulta saber quién ha ganado -el cuánto todavía no está claro- y quién ha perdido. Una vez más, todos nosotros. Sánchez de Muniáin, portavoz del Gobierno, nos dice que no nos preocupemos. Que dentro de 15 años ya veréis qué pedazo de árboles vamos a tener y que entonces esto va a ser puro cojón de pato para las arcas forales. Qué cara de pazguatos debemos de tener para que se permita hablarnos así. Cada contribuyente deberíamos ir y pedir nuestro arbolito, para plantarlo ahí dónde nos dé la gana, que parece que lo hemos pagado con creces. ¿En Echauri Forestal son los árboles los que no dejan ver al bosque, o es el bosque el que no deja ver los árboles? En el Camelot foralista hay un Torres o un Samaniego agazapado detrás de cada mata, dispuesto a hacerse de otro a nuestra costa.