la españolísima empresa más importante de elaborados cárnicos, cuyos principales accionistas son la compañía mexicana Sigma, con un 45%, y el grupo chino Shuanghui International Holdings, con un 37%, y cuyos cerdos son en gran parte foráneos, ha vuelto por Navidad con su habitual anuncio lacrimógeno. El mensaje es el siguiente: como España es, según todos los datos, un país de pandereta, merece la pena hacerse de otra parte; pero como sin duda los españoles somos unos cachondos, en verdad sale a cuenta vestir la Roja. Puedes irte, termina Chus Lampreabe, pero no hacerte. Esa sentencia impone una tara genética, como si venir al mundo en un sitio, y no en otro, conllevara una cadena perpetua de adhesión patriotera.
El comerciante se ha levantado amnésico. Pues si se trata de leyes sí puedes irte y hacerte extranjero. Y, si se trata de sentimientos, incluso puedes quedarte y deshacerte de los lazos afectivos que tal vez te unan al lugar donde naciste. Olvida que si España está como está alguna culpa tendrán esos cachondos que a mucha honra hablan a gritos. Ahora resulta que nadie es dueño de la pandereta. El jamonero de paso ignora, por xenofobia o catetismo, que por ahí fuera la gente también se divierte, se abraza, invita a un trago, lucha por salir adelante y ayuda al prójimo en apuros. Quizás ayer fuéramos la reserva moral de Occidente, pero hoy no somos la reserva ética, vigorosa, lúdica y solidaria de Europa.
Hay algo muy fustrante, conservador y fatalista en ese anuncio que pretende animar al vecindario (a comprar chorizo, sobre todo). Y es que fomenta la idea de que haga lo que uno haga, ya sea suspender en educación o destacar en latrocinio, seguirá siendo el rey de la baraja. Con tales piropos veremos quién estudia matemáticas. Siendo Miss Simpatía por derecho ibérico sobra aspirar al Premio Nobel. Por cierto, los Gipsy Kings siguen siendo franceses. Parece mentira que pudiendo ser de aquí prefieran ser de allí. Y a su manera.