Hace unos días UPN, “partido foralista cuyo objetivo esencial de su acción política es la defensa y desarrollo de la identidad de Navarra, de sus derechos originarios e históricos” -así se describe en los estatutos-, invitó a la plataforma Libres e Iguales a Pamplona. En el acto, al que asistieron la presidenta de la Comunidad, cinco de sus consejeros, el alcalde capitalino y lo más granado del poder local, se vivió un momento ¡zasca! (en toda la boca) memorable. Pancha Navarrete, esa fogosa militante, tomó la palabra para alabar los derechos históricos navarros. Y Arcadi Espada, uno de los ponentes, respondió que él rechazaba ese concepto, que está de sobra la jurisdicción de cadáveres de 1600 o incluso antes, y que el hecho de que el mismísimo Franco defendiera los Fueros debería hacer reflexionar a sus vindicadores. Habría que ver la cara de los anfitriones cuando el huésped meo en la alfombra. Mario Vargas Llosa, otro de los firmantes del manifiesto Libres e Iguales, prefirió hablar de vinos y pochas en anteriores visitas, y aquí haya paz y luego gloria.

El navarrismo numantino aún sigue ocultando a sus propios navarretes que quien les puede arrebatar los fueros, abolir su especial régimen tributario, limitar su capacidad legislativa, arrebatar sus competencias de Interior o Educación y, en fin, suspender la autonomía si así lo juzga necesario no es el Gobierno de Vitoria sino el de Madrid. Esta obviedad jurídica y hasta militar podrá parecer buena o mala, pero hay que estar muy engañado para no reconocerla. Los vascos del oeste cambian mapas en la tele y se manifiestan en Semana Santa. Quien de veras corta el bacalao está en el centro.