El trotamundos Mario Vargas Llosa ha inaugurado la biblioteca que lleva su nombre en la capital de España. Y, nobleza obliga, en el acto ha alabado “el espíritu madrileño, que ignora la xenofobia, el chauvinismo y la visión estrecha y prejuiciosa del nacionalismo”. Sin duda el piropo está lleno de riesgo intelectual y a modo de comparación no señala a ninguna comunidad en particular. Recuerda a esas orquestas veraniegas que, jugándose la vida, elogian la romería de Melonar de Arriba justamente en Melonar de Arriba, al tiempo que menosprecian la de ese pueblo “de ahí abajo”. No hay flor hermosa sin espina para el prójimo.
Esa esencia al parecer tan cosmopolita se está invocando más para distinguirse y elevarse que como un simple ejercicio de onanismo. En realidad no se afirma que Madrid, si es que cabe encerrar a millones de voluntades en un topónimo, es un lugar tolerante, abierto y acogedor, sino que Barcelona y demás periferia no lo son. Amén de reivindicarse una manera de ser propia y distinta de la del vecino, lo cual ya es muy ombliguista, se difunde la idea de que también es superior. Si eso no es nacionalismo quizás se trate de neochulapismo.
A mí me gusta mucho Madrid, esa ciudad en la que tras preguntarte de dónde eres alguien te dice que allí no importa de dónde seas. Por gustarme, me gusta más que Barcelona. Ahora bien, se equivocan quienes la quieren convertir en punta de lanza, o vara de medir, o espejo cóncavo de algo. El mejor espíritu madrileño era la inexistencia de tal espíritu o, si se prefiere, la falta de su oportunista uso político. No sabemos cuándo se jodió el Perú, pero ya sabemos cómo pueden joder el Foro.