Tras el asalto a la cafetería de Sidney, y cuando otros iluminados asesinaban a doce docenas de críos en una escuela pakistaní, Willy Toledo ironizaba acerca de la “¡¡¡Alarma islamista mundial!!!”. No es una voz en el desierto en eso de minimizar crímenes diarios, o en considerarlos propaganda yanqui y siempre sionista. Los amigos de mis amigas son mis amigos, cantaba Objetivo Birmania. La nueva versión, y el otro objetivo, es que los enemigos de mis enemigos sean un poco mis amigos. Basta que un chiflado con daga odie a Occidente para que un irresponsable en el sofá se solidarice con el chiflado. Al menos este último se la juega.
Yo creo, al contrario que el actor, que ese peligro sí existe y merece nuestra alarma. Y que cuanto menos lo combata la izquierda más carnaza dejará para la derecha y más demagogia regalará a la ultraderecha. Según un estudio de BBC World Service, sin duda pagado por el lobby judío, sólo en noviembre hubo 664 ataques yihadistas en 14 países, en los que mataron a 5.042 personas. A ello hay que añadir el macabro régimen que el Estado Islámico impone en cada ciudad conquistada, donde todo cristiano y mujer, y en especial toda mujer cristiana, sufre un acoso medieval. Los homosexuales no son acosados: son directamente ahorcados.
Y por muchos méritos que uno haga para entenderlos, urge recordar que esos majaras teocráticos nos consideran a Obama, a Willy, a usted y a mí la misma basura infiel. Me temo que hace falta que degüellen a nuestro corresponsal, secuestren a nuestra brigadista o pongan una bomba en nuestra txosna para que el personal se dé por aludido. La culpa de todo la tiene Golda Meir.