Escribir columnas es la cosa más sencilla del mundo. Escribirlas mal. Escribirlas bien cuesta más y a veces no sabes qué separa a unas de otras. En ocasiones, el exceso de vehemencia convierte una columna normal en una columna digna y otras veces sucede al revés, que el exceso de vehemencia parece invalidar un argumento. El otro día publiqué una en la que criticaba unas declaraciones acerca del dopaje que había efectuado la escritora navarra Maribel Medina, declaraciones que a mi juicio eran un error cuando hablaba en general del mundo del dopaje, dejando muchos interrogantes en el aire o, sin quererlo, haciendo que buena parte del mundo -en su caso del mundo del atletismo de nivel internacional- se sintiese señalado. Sigo creyendo que sus declaraciones no fueron correctas, que no ayudan especialmente a luchar contra el dopaje -pienso que buscando lo mismo se puede tomar un camino más preciso, aunque para ello haya que esperar mucho más para obtener datos y pruebas-, pero no tengo problema en reconocer que quizá me excedí en el tono. O sin el quizá: me excedí en el tono. Por ello le pido disculpas públicamente, porque no es mi trabajo ni mi intención molestar a alguien que básicamente está buscando o tratando de meter algo de luz en el tenebroso mundo del dopaje. Que no esté al 100% de acuerdo en cómo afronta sus entrevistas o qué sale reflejado de ellas, aunque esté al 100% de acuerdo en su tarea, no creo que mereciera un tono tan vehemente, fruto exclusivamente de mi interés porque el mundo del dopaje se aborde de un modo que deje los menores resquicios posibles a rumores, dudas u opiniones, aunque las opiniones estén bien fundadas. Fui demasiado vehemente y de ahí el error y de ahí mis disculpas. Está el mundo lleno de gente que sí merece ser vehemente con ella como para serlo con alguien que solo y quizá no fue todo lo precisa que a mi me gustaría.