Decía ayer Alberto Catalán (UPN) en un comunicado que “desde que la Diputación del Reyno adoptase el acuerdo de considerar patrono de Navarra a San Francisco Javier, se ha convertido en signo de identidad para los navarros y para Navarra”. A mí que no me incluya, por favor, que yo en sus signos de identidad no me inmiscuyo. También preguntaba la nota si el gobierno iba a acudir a los actos -religiosos- de celebración el 3 de diciembre porque “en todo el periodo democrático, independientemente de la formación política que ha gobernado Navarra, esta tradición de honrar al santo se ha mantenido año tras año”. Lo preguntaba Catalán porque al parecer ha surgido una noticia que indica que el gobierno no va a celebrar este año misa en Javier el 3 de diciembre. Hombre, no debería ser noticia esto, la noticia debería ser que durante 30 años y formando parte de un país aconfesional un gobierno público se ha dedicado a organizar misas, que a fin de cuentas es un asunto privado de una organización privada como es la Iglesia Católica. Y, yendo más allá, hace casi 400 años -1622, antes de ayer- que se nombró a este buen hombre patrón de Navarra. Me pregunto: ¿hace falta tener un patrón y estas cosas? Y, si hace falta, ¿tienen que ser siempre religiosos o religiosas? ¿Me da alguien motivos, así de peso, amén de la manoseada tradición? Y más: ¿por qué tenemos que tener marcadas en el calendario laboral estas fiestas, Navidad y Semana Santa incluidas, si somos un país aconfesional, siempre a rebufo de la Iglesia Católica y sus santos y santas? Es muy cansino e irrespetuoso por parte de algunos creyentes seguir insistiendo en la separación creyentes buenos-no creyentes malos, seguir imponiendo tradiciones al margen de la ley, seguir señalando con el dedo y seguir marcando la agenda vital del resto. Celebren lo que quieran, pero déjennos en paz a los demás.