Lleva Luka toda la semana con laringitis y la voz a medio camino entre Leonard Cohen y la consejera Beaumont. Impresiona ver a una cosa de apenas 95 centímetros y ese vozarrón, que cuando va a la cocina pienso que se va a poner a abrir botellines de cerveza con los dientes. Así que no me acabo de creer que en apenas unos meses tengamos que elegir a qué colegio irá, ni a qué modelo, o si no irá a ningún colegio al uso y estará unos años en uno de sistemas menos tradicionales, o si qué sé yo, porque es un jaleo, ya que todo tiene sus partes buenas y sus partes de incertidumbre, nada por lo que no hayan pasado antes millones de padres, salvo los que lo tienen todo tan claro de antemano que ni dudan. Les envidio, porque a mi me da vueltas la cabeza y ahora mismo le ponía una piedra en la cabeza y que no creciera. Total, qué necesidad tiene, si está a papo de rey, y ya dijo Haro Tecglen que “sales un día de casa a los 3 años para ir a la escuela y ya no vuelves nunca”. Y si se le queda esa voz y le sale barba fijo que le hacen alguna oferta de Hollywood. Bien, el caso es que afortunada y desgraciadamente crecerá, así que me estoy preparando para que vaya a donde vaya tenga que oír ¿y por qué lo lleváis ahí, no seréis de esos, no te das cuenta que...? Hagas lo que hagas siempre habrá alguien que verá detrás una idea política o de tipo de sociedad o que creerá que tratas de trasladarle una idea global de antemano antes de que la descubra él. Está así de viciado el panorama y son los menos los que solo te preguntarán si lo llevas a tal sitio porque consideras, te equivoques o no, que es más beneficioso para él como un simple ser humano, al margen de lenguas, competitividades, los putos resultados académicos, perspectivas laborales -jajaja- o chorradas aún mayores. Me voy, que me ha soltado su palabra mágica: ¿jugas? Y como para decirle que no, con esa voz...
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