Va saliendo a la luz -en este periódico de la mano de Fernando Fernández Garayoa- la falta de control que durante años tuvo el abundantísimo dinero público que recibía la Orquesta Sinfónica de Navarra, que al parecer incluso utilizaba la tapadera de la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia para pagar sobresueldos al exgerente, Florentino Briones. Como la crisis rebajó su jugosísimo sueldo de más de 10.000 brutos al mes a unos 7.500, Santa Cecilia le pagaba por otra parte la diferencia y hasta más. Y todo esto ante la atenta mirada de Corpas y Sánchez de Muniáin, que formaban parte de la Fundación que regenta la orquesta. Y de la presidenta de Santa Cecilia, que cuando hace unas semanas se supo que había irregularidades contables en el dinero que iba de OSN a Santa Cecilia y viceversa manifestó al alimón con su junta directiva que “estaban tranquilos” y que “todo es correcto”, con lo cual intuyo que el pago de sobresueldos a Briones también era de su conocimiento, era a su juicio correcto y, por tanto, lo habrían comunicado al consejero de Cultura, Juan Luis Sánchez de Muniáin, puesto que no creo que en las reuniones que mantenían se pusiesen a hablar del violonchelista. ¿Si no preguntas el sueldo que cobra el principal responsable de la orquesta a la que subvencionas con hasta casi 5 millones de euros o el 90% de sus ingresos, qué es lo que preguntas? Todos estos detalles -las cifras, los responsables, quiénes eran conocedores de estas situaciones tanto en el gobierno anterior como en la propia Santa Cecilia- son básicos para que el nuevo rumbo que quiere tomar la OSN sea recto del todo, para que salgan de ahí por patas todos aquellos que lo permitieron, porque si no se va a seguir sin entender que para 2016 sean casi 4 millones de euros públicos de ayuda, casi lo mismo que lo que, por ejemplo, van a recibir todas las bibliotecas públicas de Navarra.
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