Hombre, uno entiende que en este guirigay que se ha montado con la OPE se mezclan un sinfín de cuestiones que unidas emponzoñan no solo la ya famosa OPE sino la propia educación pública: euskera contrapuesto a castellano e inglés, muchos puestos de trabajo en juego, intereses políticos tanto de unos como de otros, estrategias sindicales, estrategias mediáticas, silencios clamorosos, desconocimiento de cómo funcionan oposiciones y leyes y otros muchos etecés. Tanto se ha emponzoñado el tema y tanto se ha unido este asunto a la cuestión del PAI, de si sigue o no, de, caso de seguir, en qué condiciones y cómo, que tras unas semanas dejando el pescado solo en manos de Mendoza será Barkos la que también se reúna con los directores y padres de los colegios públicos que imparten el programa. Un programa muy valorado por esos directores aunque cuente con muchos críticos entre expertos educativos que argumentan que cuando los profesores no son nativos las posibilidades de inmersión real en otra lengua son muy escasas, dándose la paradoja de que el alumnado no aprende correctamente ni el otro idioma ni las propias asignaturas que estudia en ese idioma. Bien, para esto seguro que habrá datos fiables, experiencias y estudios de un número suficiente de años en otros lugares o incluso aquí. Así que supongo que en eso y en el estudio de la formación del profesorado y las posibilidades a corto y medio plazo es en lo que se apoya Mendoza para asegurar que “confía” en que la evaluación del PAI esté terminada para cuando los padres hagan la prematrícula en febrero, “aunque no lo puedo asegurar”. Y esto es lo que no entiendo, entendiendo más o menos todo lo anterior, porque si no eres capaz de asegurarlo y de finalmente en febrero no dibujar claro y decidido el panorama para miles de padres no sirves para dirigir la educación navarra, al margen de revuelos, intereses y opiniones.
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