No tengo nada en contra de, como propone el PSN, crear una mesa de trabajo específica sobre la Ribera -aunque no se tenga constancia de para qué sirven tantas y tantas mesas- o de que “la Ribera esté recogida y reconocida en los próximos presupuestos de Navarra a través de las enmiendas pertinentes”. Nada en contra. Confío en que se haga lo mismo para Tierra Estella, Sakana, Sangüesa, Baztán y Pirineo. Es que dicen los estudios que, por ejemplo, hay mucho más paro en Ribera o Sakana que en Pirineo. Y es cierto. Hay más paro porque en Pirineo prácticamente no queda gente, con lo cual es casi imposible que haya paro: la inmensa mayoría de los valientes que se han quedado se apañan como pueden y el resto son personas muy mayores. El paro alto se suele generar en los lugares en los que hay empleo y oportunidades y de repente una crisis se lleva por delante unas cuantas empresas o actividades económicas. Es de cajón, así que no se puede estar en desacuerdo con eso que plantea el PSN, aunque lo que hace falta de verdad es un estudio serio, severo y denso y con soluciones a corto, medio y largo plazo acerca de qué clase de comunidad va a ser esta, en la cual la despoblación de enormes zonas y montones de valles y pueblos es tremebunda y especialmente de Pamplona hacia arriba. No se trata de una competición de a ver qué zona es capaz de generar más ruido o atraer más a ciertos políticos o partidos, sino que de una vez por todas quienes gobiernan y quienes están en la oposición hagan todo lo que esté en su mano para minimizar lo más posible el acuciante desequilibrio territorial que de seguir el camino emprendido tras décadas de desidia institucional y política despoblará aún más y más Navarra, concentrando población, servicios y oportunidades cada vez en menos puntos. No digo que preservar o hasta mejorar lo que hay sea fácil, pero es su obligación.
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