No, no son como para echar cohetes los datos de la EPA de la semana pasada. Ni los correspondientes al Estado -por mucho que Rajoy sacara pecho con ellos?- ni, bastante menos, los referentes a Navarra. La encuesta de población activa tendrá las limitaciones que tenga, pero algo sucede cuando nuestra comunidad, la de menos malos índices de paro del Estado en los peores años de la crisis, se coloque de la noche a la mañana en el vagón de cola de la creación de empleo. Sabíamos que esto no había acabado. Seguíamos viendo a jóvenes saliendo al extranjero y parados de larga duración con cada vez menos perspectivas de volver a recibir una nómina. A pesar de ello, un cierto optimismo ambiente nos había hecho creer que empezábamos a ver la luz al final del túnel.

Noticias como las del cierre de la planta de General Electric, en Buñuel, o el ERE de TRW, en Landaben, están suponiendo un verdadero jarro de agua fría que tiene que hacer ponerse las pilas hasta el último mono del actual gobierno. Al menos algo de reacción social hay. Las más de 5.000 personas que recorrieron el pasado sábado las calles de Pamplona en una manifestación apoyada por ayuntamientos, comités de empresa y todo el arco parlamentario daban muestra de ello. A anotar el despliegue de UPN en la misma, con Javier Esparza a la cabeza, flanqueado por Sergio Sayas y Óscar Arizcuren. En los últimos 4 años los regionalistas se han prodigado bastante poco en este tipo de eventos, pero está visto que el pase a la oposición hace milagros. Tal vez, con apariciones como ésta se nos acabe olvidando que las leyes que el PP ha aprobado a lo largo de esta última legislatura con el entusiasta apoyo de UPN son las que siguen haciendo posible ERE masivos como el de ahora en TRW.