De la misma manera que la semana pasada me parecía lo más normal que Laura Berro presentase su dimisión, también me parece correcto que si ella y su grupo han considerado que el error es fruto de la inexperiencia y no una maldad ni falta de trabajo y que merece la oportunidad de seguir trabajando por la ciudad, pues adelante, no hay que ponerse tampoco como Esporrín, que con tal de sacar tajada acusa a Berro de trato de favor y poco menos que de prevaricación, cuando a Yoar se le hubiese dado el contrato estuviese o no Berro en el ayuntamiento, toda vez que, además, era la única asociación aspirante. Creo que Berro debería haberlo dejado por la penosa imagen y déficit de confianza que transmite una concejal que dice que no conoce el reglamento, pero también es cierto que es una cuestión -dimitir o no- más personal que si hubiese influido realmente en el expediente, lo que no ocurrió. Ha optado por continuar y ya está, asunto finiquitado. Lo que no tiene un solo pase es la nota que Aranzadi mandó a los medios en la que aseguraban que “somos gente corriente y no políticos profesionales”. A ver, gente corriente y moliente somos todos, pero desde el mismo momento en el que nos abonan un solo euro por hacer un trabajo, el que sea, nos convertimos en profesionales y por esa misma razón, porque recibimos un solo euro, tenemos las mismas obligaciones que esos a los que tontamente llamáis “profesionales”. Los concejales de Aranzadi cobran su sueldo, como debe ser, y es patético escudarse en esta clase de cosas, amén de pretender situarse un poco por encima de los demás desde el punto de vista ético: “yo es que no soy profesional?”. Sí, lo sois. Por eso precisamente se os exige como tales y errores como el de Berro son casi imperdonables. Se entiende la idea y que queráis ir de hippys ácratas, pero eso mejor privadamente. Si se cobra dinero público, tonterías ninguna.